miércoles 25/11/20

Kroke en el Bergidum

ESTA es la segunda vez que escucho a Kroke, y espero que no sea la última, porque este grupo polaco resulta hipnótico en escena, y sus conciertos provocan espasmos corporales y espirituales. Su música, una mezcla de jazz, ritmos turcos, música zíngara y la klezmer como base de sus composiciones, nos hace entrar en trance cual si fuéramos derviches que giráramos como peonzas. Hace tiempo que la música del Este nos tiene cautivados, quizá porque los artistas del Este tienen esa magia y ese poderío que tanto echamos en falta en nuestro Occidente consumista, blandengue y débil de pensamiento, tal como pronosticara Spengler en La decadencia de Occidente. La Europa del Este acabará arrasándonos desde el punto de vista artístico. Ya nos está arrasando. Descubrí o redescubrí a este grupo en mi primer viaje a Cracovia. Y luego lo vi en concierto en la mítica Sala Galilelo Galilei de Madrid. Cuando escribí un artículo a propósito de su actuación en la capital de España, dejé caer que en su próxima gira se acercaran al Bierzo, y a ser posible amenizaran una boda. Lo dije como algo que perteneciera al sueño, pero la voz fue escuchada, aunque el gran Crémer insista en que en nuestro país nadie lee, algo que es cierto, sin embargo a veces cae el azar en forma de lotería cuando uno menos se lo espera. Y nuestra lotería es la visita de este grupo. Así quedamos hermanados bercianos y polacos en ese festín sublime que es la música, y en concreto la que tocan estos virtuosos de Cracovia. Por lo demás, es Cracovia una ciudad singular y hermosa, que logra fascinar al visitante no sólo por sus bellezas monumentales, que las tiene en abundancia, sino por sus gentes, y en especial esas rapazonas cuya afectividad causa estragos en noches blancas de agosto al calor y sabor de los bares que hay en Rynek Glówny, centro de la ciudad, y en concreto en el Teatr 38 Klub, garito que me colmó de placer este verano, en mi segundo viaje a esta ciudad. Este segundo viaje coincidió con un concierto de Kroke, pero aquel día se me ocurrió confrontarme con el horror de Auschwitz. También es Cracovia o Kraków la ciudad de las artes escénicas. Aunque hace años que el mago teatral Kantor nos abandonó, sigue en pie su Cricoteka, en el número 5 de la Kanonicza. Y por fortuna, Tomasz Kukurba, que es otro mago de escena, además del espíritu de Kroke, nos ha hecho vibrar con su música, capaz como es de mantener el tipo aunque se le rompa una cuerda del violín durante el concierto. Magistral. «Y encima son cómicos», se atrevió a decir una señora durante el concierto.

Kroke en el Bergidum