jueves. 07.07.2022
Selección de castañas en una cooperativa berciana. L. DE LA MATA

El otoño marca una de las épocas del año más importantes económica, cultural y gastronómicamente hablando en la comarca del Bierzo: la recogida de la castaña, un fruto alrededor del cual gira desde la agricultura hasta el turismo en estos meses. Pero aquí no recogen castañas, las «pañan» o «apañan». Cosas de la cultura de una pequeña comarca que presume de identidad, incluso de lengua propia y cuyo árbol, si hubiera que elegir uno como símbolo, sería, sin duda, el castaño. Porque es el árbol que domina el paisaje del Bierzo, una comarca con dos zonas orográficas tan diferenciadas como la montaña y ‘la olla’; por su significado cultural; porque la tradición gastronómica del magosto en noviembre se mantiene intacta; porque su madera ha sustentado desde siempre sus edificaciones.

«Es el árbol que quitó el hambre a muchas familias bercianas en épocas muy críticas de la historia, como la posguerra», recuerda a Efeagro el director de la Marca de Garantía Castaña del Bierzo, Pablo Linares, que hace mención al valor nutricional de los hidratos de carbono de la castaña. Actualmente su valor económico va más allá. La castaña le proporciona a la comarca «unos ingresos de entre 12 y 15 millones de euros» dependiendo de cómo haya ido la campaña. Pero si se suma el valor añadido «de la castaña seca, porque no sólo se vende fresca, hablamos de unos 20 millones».

Una cifra que puede parecer pequeña, pero que para una economía como la del Bierzo es muy importante. Las zonas en las que hay más producción «son precisamente zonas de montaña, las más abandonadas, por lo que esos ingresos adquieren mayor valor», apunta Linares, quien también dirige la Mesa del Castaño del Bierzo.

A mediados de octubre, el Puente del Pilar suele dar el pistoletazo de salida a la recogida de los 8 millones de kilos de castañas que se obtienen por término medio y cuyo 40 % -como mínimo- se dirige a la exportación, a Italia y Francia fundamentalmente. «Es un recurso que deberíamos recuperar», sentencia Linares. Y tendrían que desarrollar también una industria de transformación cuya carencia les está haciendo perder mucho dinero. «Ese es uno de nuestros puntos débiles», se lamenta.

Y es que la castaña es un fruto que se dedica fundamentalmente a la transformación, ese es el gran mercado, y «en el Bierzo la vendemos para que sean otros quienes la transformen y ganen ese valor añadido que nosotros estamos perdiendo».

El cultivo del castaño y la transformación de su fruto podría ser el futuro para muchos bercianos, fundamentalmente para aquellas zonas que vivieron de la minería del carbón durante décadas y abandonaron toda actividad agropecuaria. Ahora uno de los principales retos es «recuperar la superficie que se ha perdido y mejorar las técnicas de cultivo con los conocimientos actuales».

El otro reto fundamental es la creación de la industria transformadora, porque para luchar contra el abandono de los pueblos, Linares está convencido de que «hay que generar recursos para que la gente pueda vivir», de lo contrario se irá.

Apuesta porque el renacer del Bierzo tras el fin de la minería y las sucesivas crisis económicas pasa en buena medida por generar alternativas en el sector agroalimentario y, en algunas zonas, en el castaño concretamente. Pero su potencial económico no debe hacer olvidar su valor nutritivo y el placer de su degustación que defienden los chefs.

El valor alternativo de las castañas