jueves 19/5/22
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El presidente en funciones de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. NACHO GALLEGO

Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca, 1965) jurará mañana su cargo como presidente de la Junta de Castilla y León. Es la segunda vez que lo hace tras la de 2019, aunque ahora ha cambiado de socio de Gobierno y la entrada de Vox en su gabinete le sitúa ante el reto de mantener vigentes los "principios y valores" de su partido en materias como la violencia de género, la inmigración, las relaciones con Europa y el Estado de las Autonomías, entre otras cuestiones.

El pacto con Vox, el primero que incorpora a este partido a un gobierno autonómico en España, ha mantenido encendido el foco político y mediático nacional que apunta a esta Comunidad desde principios de año, como consecuencia de un adelanto electoral visto como el inicio de un ciclo que proseguirá con los comicios en Andalucía, los municipales y las elecciones generales, y que ha situado a Mañueco en el centro de todas las miradas tras un resultado que deparó 31 procuradores al PP -a diez de la mayoría absoluta (41)- y que situaron a Vox (13) como único socio viable.

Las dificultades para cerrar el pacto de gobierno con Vox, tanto en su formato del 10 de marzo que le sirvió para desbloquear in extremis la formación de gobierno, aunque fuera a costa de ceder la Presidencia de las Cortes, como el posterior con la letra pequeña en materias como la violencia de género -con la concesión de tramitar una ley contra la violencia intrafamiliar antes de agosto- y la memoria histórica -aprobarán un nuevo decreto de "concordia"-, tienen que ver con evitar por parte del PP que el discurso de Vox debilite esos principios a los que Mañueco apeló en el reciente Congreso del PP.

"Que nadie ponga en duda que lo que va a regir son los principios, los valores y las políticas del PP, esa será la guía para los próximos 4 años, como lo ha sido en los últimos 35 años", resumió en Sevilla ante sus compañeros de partido, incluido el nuevo líder, Alberto Núñez Feijóo, que ha tratado de desvincularse de este pacto de gobierno con su ausencia tanto en la sesión de investidura como en el acto de mañana.

Desde la distancia, marcada también por el hecho de que no ha contado con representantes del PP de Castilla y León para los principales cargos de la nueva dirección nacional del partido, Feijóo ha optado por defender el acuerdo con Vox en Castilla y León como única alternativa a la repetición electoral y ha rechazado que desde la izquierda se pueda cuestionar la política de pactos.

Este argumentario ha sido adoptado por Mañueco, quien en la sesión de investidura ha respondido a las críticas de la oposición por su pacto con Vox desdeñando las "lecciones" con apelaciones a los acuerdos del PSOE con Unidas Podemos y otras formaciones nacionalistas e independentistas.

El principio de realidad se ha impuesto y Mañueco ha dejado atrás aquella idea de gobernar en solitario, vista ahora como un posicionamiento de máximos para afrontar una negociación con Vox, que ya ha anunciado que este acuerdo no colma sus ansias de "cambiar el rumbo" en esta Comunidad, pero sobre todo en España (y Andalucía), donde ambos partidos compiten en el mismo espectro electoral.

Lo que arranca mañana es un nuevo capítulo de la vida de supervivencia política de Mañueco, quien estos días remarca que lleva 39 años afiliado al PP -primero a Alianza Popular y luego al Partido Popular- y que ha sido concejal, alcalde, presidente de diputación, consejero y presidente autonómico desde el punto de vista institucional, y que en el partido ha desempeñado numerosos cargos, incluidos los máximos a nivel autonómico -secretario y presidente- y el de presidente del Comité de Derechos y Garantías del PP a nivel nacional.

Mañueco, ante el reto de que rijan los principios del PP en Castilla y León
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