lunes 23.09.2019

«Desperados éramos seres perfectos para un mundo imperfecto»

El 27 de diciembre de este 2019 sale el quinto disco de Desperados, y esto no es el túnel del tiempo. Es un acto de amor, o tiene que ser, y de honestidad brutal calamariana, de Fernando Martín (Madrid, 1959), uno de los artífices de que al hablar de esta banda se hable de leyenda.

Martín es de sobra conocido en el panorama musical español de los últimos 40 años. Porque junto a su trayectoria musical, lleva décadas ligado a los medios de comunicación madrileños. Y junto a su hermano, el añorado Guille, colocó Desperados entre los grupos más atractivos que debían tomar el relevo de los pioneros de la Movida. Todo esto pasaba, aproximadamente, entre 1985 y 1992. No fue así y ese quinto disco quedó durmiendo el sueño de los justos bajo la férrea custodia de Fernando, quien tenía claro que o se sacaba bien o no se sacaba. Ha ocurrido lo primero pero se junta con otro directo que saldrá después del verano y ya para la primavera habrá nuevas canciones de Martín.

Actor, periodista, músico, comunicador... el de Carabanchel conoce todos los secretos del negocio. La satisfacción de seguir tocando, como dice, porque «siempre hay alguien en algún lugar que me quiere», y otras decepciones que no vienen al caso pero que tienen hasta frase. Como lo primero, lo bueno, le ocurre en la provincia de León, el madrileño podrá ser visto por partida triple en León capital (en Babylon el miércoles 21 de agosto a las 22.00 horas), Ponferrada (en la sala Tararí el viernes 23 de agosto a las 23.30 horas) y Villablino (el sábado 24 de agosto en La Tintorería a las 20.00 horas). Dos acompañantes de lujo, Dandy-Roll y Rafaria Montecristo, le acompañarán en esta minigira provincial.

 

—Junto a todo lo que tiene pendiente está este ‘Motel Martín’ que debería haber salido a la calle hace unos 26 años. ¿Hay recuerdos de aquellos momentos?

 

—Sí, entre otros que, por circunstancias de la industria, pudimos grabar en aquel verano del 92 un disco en el que teníamos de todo. Teníamos grandes canciones, nos dejaban tiempo de estudio, los músicos que quisiéramos. lo grabamos a todo amor y lujo, pero en el 92... El negocio cambiaba y la gente de los Estudios Trak tenían todavía amor por el rocanrol y querían evolucionar, grabar grupos para presentarlos a las compañías, y demás ideas. Ellos lo producían para venderlo pero ninguna compañía lo compró.

 

—Y a nivel doméstico, por curiosidad, ¿cómo se atesora una grabación de ese valor y se resisten tentaciones de, aunque sólo sea, hacer unas copias...?

 

—Hemos hecho un mástering sobre el cedé. Y ahí está lo que grabamos. Mi hermano Guille a las guitarras y demás, Javier Martínez al bajo y Ezequiel Navas a la batería.

El cantante de Desperados y periodista musical Fernando Martín. RAQUEL P. VIECO

 

—Junto a este, tiene otros dos proyectos en cartera... ¿En cuál de ellos cree que está usted verdaderamente reflejado?

 

—Hay de mi en todas estas cosas. Algunos temas de Desperados pueden quedar desfasados. Pero son muy bien recordados. Siempre digo que Desperados éramos seres perfectos para un mundo imperfecto.

 

—Haciendo memoria de sus canciones más conocidas llegan más de las previstas...

 

—Nos hemos convertido en esa cosa fea que se llama banda de culto. A estos conciertos en León al final tengo que llevar más canciones que no pensaba pero hablando con la gente de allí me dicen que son importantes. Siempre me pasa que hay alguien en algún lugar que me quiere y cuando crees que no vas a hacer nada, por el norte o por Andalucía, aparece gente que me va llevando. A León estoy unido por los tiempos de Cardiacos, Los Flechazos, Deicidas... Y ya, en cuanto a mi, ir ahora a muchas ciudades es reconciliarme con ellas, porque las conocía de noche, de hoteles, discotecas y conciertos.

  Guille era irrepetible. Ahora aparecen de vez en cuando grupos que te hacen ver algo.  Te podría decir un nombre: Los Labios

—Este pack completo de Fernando Martín, que coincide ahora en el tiempo, ¿le hace sentir o revivir expectativas?

 

—Tengo muchas esperanzas pero ninguna expectativa. Mi culo lleva suficientes patadas. Me muevo por impulsos de cariño.

 

—Volviendo a Desperados, ¿qué cree que hubiera pasado si el disco llega a salir a su hora?

 

—Que es lo suficientemente bueno como para haber triunfado. Y que al grupo nos hubiera cambiado la vida incluso para llegar vivos hasta estos días.

 

—¿Por qué ya no hay Guilles?

 

—Porque era irrepetible. Ahora aparecen de vez en cuando grupos que te hacen ver algo. Soy muy sensible a esas cosas, y cuando aparecen me dan hasta ganas de tocar con ellos. Con Pereza me pasó algo así. Ahora te podría decir un nombre: Los Labios. Como Guille no hay. Era un animal. Instintivo. Vivía, amaba, tocaba, de todo, instintivamente.

«Desperados éramos seres perfectos para un mundo imperfecto»