lunes. 04.07.2022
Entrevista

«Las radiofórmulas llevan destrozando el oído de este país desde hace décadas»

‘A solas’ con Loquillo. Así se sentirá quien acuda al concierto que el veterano músico barcelonés ofrece este jueves en el Auditorio Ciudad de León armado con sus grandes éxitos y acompañado por inspiradas versiones de algunos de los mejores poetas en lengua española. Siempre políticamente incorrecto, «aunque me pase factura», mantiene que la gente «ha abandonado, ha olvidado hace tiempo, lo que es un creador: un buscador de belleza».
El veterano cantante y compositor Loquillo.

Es lo que en León llamaríamos un paisano. Un tipo de ideas claras y espaldas anchas que siempre dice lo que piensa. Un currante honesto y humano. Un músico que es como un artesano del metal: pule cada canción hasta que queda brillante y lucida, lista para ser usada y sin desgaste durante generaciones. Un hombrón feo, fuerte y formal que viste de negro y al que le pega conducir un cadillac solitario. Una figura de casi dos metros de alto que este jueves desnuda su alma en A solas, espectáculo en el que los temas inmortales de este rockero serio pero de tierno corazón se mezclan y aúnan con versiones de los más grandes poetas en lengua castellana.

—Una anécdota: bar lleno de gente joven cantando a voz en grito la de ‘Feo, fuerte y formal’. ¿Qué siente al saber que pasa el tiempo y sus canciones no saben de edades?

—Bueno, y esa es relativamente reciente, de hace algo más de diez años... Hombre, te das cuenta de que ya formas parte de la cultura popular, de la memoria emocional de la gente. Ves que hay público, independientemente de las generaciones, que sigue conectando con lo que hago... y eso está muy bien porque, en el fondo, ¿que pretendo? Pues hacer feliz a la gente con la música por unos momentos.

—En esta época de éxitos tan fulgurantes como efímeros, ¿qué tiene que tener una canción para que no deje ser escuchada?

—Que sea atemporal, que verse sobre temas atemporales. Y que se le dé al autor la importancia que tiene. Mira, en Latinoamérica, cuando ponen una canción en la radio, dicen primero quién es el autor y luego, quién el intérprete. Casi como en España, donde dos décadas de radiofórmula han destrozado el oído de generaciones, dejándolo posiblemente irrecuperable. Yo recuerdo que en los ochenta podía oírse de todo, a lo mejor sonaban Chica de ayer, Cuatro rosas y Cadillac, una detrás de otra, y no pasaba nada. Ahora sólo nos queda las emisoras públicas y las alternativas.

—¿Y cuál es la razón de esa uniformidad, de esa homogeneidad cultural?

—Yo creo que hay un pacto para que la cultura en España no levante cabeza y sea cada vez más underground pero, cuidado, porque en cualquier momento esa situación puede estallar. Y de hecho lo hace. La prueba está en festivales de grupos alternativos completamente llenos de público, es la prueba de que las cosas están cambiando.

—¿Y las nuevas tecnologías en el aspecto musical, qué relación tienes con ellas?

—Pues mira, fui de los primeros en subir toda mi discografía a Internet, ya empecé a hacerlo en los noventa y continúo ahora. En mi página web pueden escucharse, bajarse o comprarse todos mis discos. Yo decido lo que hacer con mi música. No decide ni la Sinde ni tampoco los internautas, que por cierto no sé quiénes son esos señores y tampoco veo que se manifiesten contra las grandes operadoras, las que se están beneficiando con todo esto.

—¿Por qué llevar ‘A solas’ a los teatros?

—Porque el teatro es el lugar de la poesía y, a propósito de esto, últimamente es un espacio al que lo han banalizado por completo. A solas es un espectáculo en acústico en el que recorro los temas de mis discos en solitario, desde La vida por delante a Balmoral, y también Su nombre era el de todas las mujeres, basado íntegramente en poemas de Luis Alberto de Cuenca.

—¿Cómo es su proceso creativo? ¿Sus temas son chispazos de inspiración o más bien frutos de un trabajo constante?

—De un trabajo constante, siempre. Intento imponerme una disciplina espartana. Y hacerlo todo yo mismo, eso lo tengo clarísimo. Tengo un gran equipo, claro, pero lo superviso todo, cada detalle.

—¿Cree que esa actitud es general entre los artistas de este país?

—Creo que no, pero es que, vamos a ver, esto no es un juego de niños. Yo arriesgo mi dinero en mis discos. Esto es un oficio, esto no es el hobby de un estudiante que cuando acaba la carrera no vuelve a coger una guitarra. Hay que respetarse a uno mismo y también al público. Yo llevo 34 años trabajando así. La gente ha abandonado, ha olvidado, hace tiempo, lo que es un creador. Crear es buscar una supuesta belleza, alcanzar una supuesta perfección. Hay gente que llega y hay gente que no. Está quien dedica su vida a esto y está quien lo hace... por temporadas. Lo mío es buscar retos difíciles e intentar superarlos.

—Dice que ni con Sinde ni con los internautas... ¿cuál es la solución a la piratería, pues?

—Lo primero, la educación. Apostar por la cultura en España, partir de la base, de los colegios. Y lo segundo, estar orgullosos de lo nuestro y de nuestra diversidad cultural. Pero si este es el país que mató a Lorca, coño, un país cuya imagen exterior es la de los chanchullos, la corrupción y los escándalos. ¡Apostemos por lo español, donde hay tantos y tan buenos creadores como en cualquier otro lado, y no siempre por lo guiri!

—¿Le hubiera gustado nacer en otra época?

—El aspecto y formas que muestro provienen de la nostalgia de un tiempo que no viví, procede del cine, de la literatura, y con esas imágenes yo me he construido una habitación propia en la que me siento a gusto, desde la que veo el mundo y en la que me siento libre para crear, sin condicionamientos reales. ¡Si hubiera nacido en otra época, a lo mejor era nostálgico de algo anterior!

—¿Le ha pasado factura ser políticamente incorrecto?

—Claro, pero es que, si no, no sería yo, y más en estos momentos en los que la corrección política ha inundado toda la sociedad. A mí me gusta hablar claro. ¿Por qué no pueden decir las cosas como son? Además, no puedes pretender caerle bien a todo el mundo. Al revés, eso daña tu credibilidad. La incorrección es un riesgo añadido, te caen por todas partes, pero yo intento asumir todo eso con caballerosidad y con ética.

—¿Y su relación con el público leonés?

—Es una ciudad a la que siempre intento venir porque nos trata muy bien. Ya con el 30º aniversario quise actuar aquí y al final se suspendió, pero te aseguro que no fue por nuestra culpa. El concierto del día 19 va a ser muy especial, muy cercano, diferente. Quien vaya lo recordará siempre porque, entre otras cosas, nunca más se repetirá, son 24 ciudades las que hemos cerrado, ni una más.

—En la campaña de publicidad de una entidad bancaria compartía tertulia con Inocencio Arias...

—Sí, y yo que tengo el gusanillo del periodismo y la escritura, no paré de preguntarle cosas y de aprender mucho con alguien que ha vivido tanto. Me gusta escucha a los mayores. En las sociedades que llamamos incivilizadas, por ejemplo, los mayores ocupan un puesto clave. ¡Aquí es justo al revés, a quien se escucha o a quien se imita es al más joven!

«Las radiofórmulas llevan destrozando el oído de este país desde hace décadas»
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