viernes. 01.07.2022
Con mucho cuento

‘The New York Times’ recomienda a la leonesa Ana Cristina Herreros

El gran periódico estadounidense ha seleccionado los 25 libros infantiles del año y ha incluido ‘La verdadera historia de la rata que nunca fue presumida’, de la leonesa Ana Cristina Herreros, cuentista de profesión, editora y ‘cazadora’ por medio mundo de tradiciones orales.
                      La escritora, editoria y cuentacuentos leonesa afincada en Madrid Ana Cristina Herreros, que está en el ‘top ten’ de ‘The New York Times’. DL
La escritora, editoria y cuentacuentos leonesa afincada en Madrid Ana Cristina Herreros, que está en el ‘top ten’ de ‘The New York Times’. DL

Llegar al ‘top ten’ de The New York Times le ha costado a la leonesa Ana Cristina Herreros años de trabajo, dieciocho libros y miles de kilómetros por medio mundo. Estar en la lista de los cuentos infantiles recomendados por el gigante de la prensa norteamericana parece ‘misión imposible’; y más para un español. De hecho, ella es la única que figura. La verdadera historia de la rata que nunca fue presumida —publicado por la editorial de Herreros (Libros de las Malas Compañías) y el sello neoyorquino Enchanted Lions—, se codea ahora con las mejores joyas editoriales que han salido al mercado en Estados Unidos este año.

Pero la historia comenzó mucho antes; en realidad, casi veinte años atrás, cuando el Centro de Investigación para la Paz (CIP) le pidió un trabajo sobre cuentos populares del Mediterráneo. El objetivo era mostrar que los cuentos tradicionales no conocen fronteras ni nacionalismos. Hacía dos años que había concluido la cruenta guerra de los Balcanes. Fruto de su investigación, básicamente en la Biblioteca Nacional de España (BNE), Herreros publicó Cuentos del Mediterráneo (SM) y Cuentos populares del Mediterráneo (Siruela), editorial esta última en la que la leonesa trabajó durante 25 años. Ello le valió además un premio, otorgado por la Fundación Dieta Mediterránea, que compartió con Michelle Obama. La editora neoyorquina de Enchanted Lions compró los derechos a Siruela y la ilustradora del cuento, Violeta Lópiz, le habló del cuento de la ratita. Fue así como se interesó en coeditar el cuento.

En aquellos dos libros de relatos mediterráneos ya incluía el que se convertiría en uno de sus cuentos de cabecera, un indispensable en su repertorio como cuentista.

En la BNE descubrió una versión del clásico infantil ‘desempolvada’ por el archiduque Luis Salvador de Austria, un aristócrata interesado en los cuentos tradicionales de Mallorca a finales del siglo XIX, que recopiló en Rondaies mallorquines. «La versión del archiduque es más antigua y en ella la rata no es presumida. No se gasta el dinero en comprarse un lazo, sino un repollo para hacerse una casita. Y no se la comen por presumir, sino por elegir a un depredador», cuenta Herreros. La escritora leonesa sostiene que el cuento se cambió a finales del XIX o principios del XX porque las monjas educaban a las niñas para ser buenas esposas.

La verdadera historia de la rata que nunca fue presumida instruye sobre la importancia de elegir buenas compañías y la violencia de género; e incluye, al final, textos silentes para que el lector ponga su propia experiencia o su mensaje. Deja claro que no es su visión feminista de un clásico, sino la recuperación de una historia tal y como era originalmente. Algo parecido a la historia de La Bella Durmiente, un relato recogido por Basileen el Pentamerone en 1634, que no era moralista y machista como el de Walt Disney.

Herreros ya ha vendido los derechos del libro a Corea y pronto saldrá también en francés y alemán. «En América hay cuentos parecidos al de la ratita por la tradicional oral inglesa y la de los pueblos originales. En Cuba y Venezuela no es una rata, sino la cucarachita Martina», asegura.

La rata, una subvención y Filomena

La edición de este libro ha costado siete años y a punto estuvo de no salir por culpa del temporal ‘Filomena’. El trabajo tenía una subvención del Instituto Balear y un plazo de conclusión para recibirla que expiraba un día después de la gran nevada de enero del año pasado. «Tuvimos que ir con palas a la editorial para quitar la nieve y acabar el trabajo». Finalmente, en junio se alzaba con el tercer premio al libro mejor editado en España.

Ana Cristina Herreros no solo escribe, sino que también cuenta cuentos, los escucha en lugares remotos y hace proyectos solidarios. Así fue como nació, por ejemplo, Los cuentos del conejo, en el que daba voz a los niños albinos —perseguidos en África, donde les consideran fantasmas—, al tiempo que financiaba proyectos solidarios en Senegal, Sáhara y Mozambique.

Actualmente trabaja en cuentos populares de recopiladores del siglo XIX. Explica que los recopiladores tradicionalmente han sido hombres y vinculados a la Iglesia. «Las mujeres cuentas historias mágicas, mientas los hombres hablan de epopeyas». Recuerda que el filandón leonés eran veladas de mujeres hilando que contaban cuentos. Por eso, también le gustaría publicar cuentos tradicionales de las mujeres leonesas. Además, planea escuchar historias en La Palma, «para rescatar la memoria de los barrios que ya no existen» y desaparecieron bajo la lava. En marzo viajará al desierto de Atacama, para oír leyendas de las mujeres que tejen; y en agosto, hará lo mismo en la isla colombiana de San Andrés.

‘The New York Times’ recomienda a la leonesa Ana Cristina Herreros
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