sábado 15/5/21

Una zona marcada por la actividad de la compañía maderera de Los Ancares

Una de las calderas del antiguo teleférico.

Después de que en 1914 el industrial Julio Lazúrtegui diera a conocer la nueva edición de su opúsculo Una nueva Vizcaya en el Noroeste de España, alabando el potencial minero y maderero del Bierzo, durante los siguientes años empresarios intrépidos acometieron sacas forestales en ambas vertientes de la sierra, concentrando su tarea en los bosques de Ancares, Burbia y Cervantes. Fue precisamente una de estas, la Compañía Vila Riestra de Los Ancares, la que posiblemente comenzara a extender el nombre del Real Valle leonés (con el ‘los’, no tradicional) a las zonas próximas.

Sorprendente incluso para la época actual es la infraestructura empleada por la compañía para realizar sus sacas, con un gran teleférico sobre el que abundante noticia da Álvarez Rubio en su libro: «Los doce tortuosos y empinados kilómetros de carretera que desde hace pocos años enlazan A Ponte de Doiras con Vilarello a través del alto de A Degrada y la Campa da Braña tienen su antecedente en la pista abierta en 1915 para que doce parejas de bueyes acarrearan hasta aquí la pesada maquinaria del teleférico mediante el cual fue evacuada la madera». «La Compañía Vila Riestra de Los Ancares operó en el Monte de Vilarello durante unos quince años y contó con una potente y costosa infraestructura para el tratamiento y transporte del producto», continúa.

En una de sus visitas a Vilarello de Donís, en el municipio de Cervantes, Álvarez Rubio se topó con un vecino que le enseñó una de las calderas del generador de vapor con el que funcionaba ese teleférico gracias al cual se evacuaba la madera —que era excelente, pues de un sólo árbol llegaron a labrarse ciento cincuenta y dos traviesas— hasta la provincia de León por el alto de O Portelo, salvando desniveles de hasta 800 metros. La vieja caldera se destina ahora a abrevadero.

La empresa, que llegó a reunir un centenar de trabajadores, cortó repentinamente su actividad en 1930.

Una zona marcada por la actividad de la compañía maderera de Los Ancares
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