martes 29/9/20

La caída en Botsuana resquebrajó la imagen de Juan Carlos I de Borbón

La primera condena a Iñaki Urdangarin por sus negocios en el caso Nóos no la dictaron los tribunales, sino la mismísima Zarzuela, cuando, en diciembre de 2011, el entonces jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, calificó de «no ejemplar» la conducta del marido de la infanta Cristina. Después vendría todo lo demás, el procesamiento, el juicio, la condena y el ingreso en prisión del duque de Palma. «La justicia es igual para todos», dijo Juan Carlos I en su tradicional discurso navideño.

La ejemplaridad de la Corona había comenzado a quebrarse y al entonces monarca no le importó sacrificar a su yerno para poner a salvo a la institución. Ocho años después, es él mismo quien conoce la desagradable sensación de que su sola presencia resulta incómoda para su propia familia.

Las informaciones sobre la supuesta fortuna amasada en Suiza y sus cuentas en paraísos fiscales han dilapidado su credibilidad. Meses de revelaciones continuas que han obligado al rey emérito a poner tierra de por medio.

Desde que sufriera una inoportuna caída en Botsuana durante un safari en abril de 2012 al que acudía de incógnito en plena crisis económica en España, ha sido él quien se ha sentido en el punto de mira de una batida, esta vez mediática, política y judicial. «Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir», se disculpó ante las cámaras el entonces jefe del Estado al salir del hospital. Un ‘mea culpa’ que ha permanecido en la memoria colectiva como uno de los momentos en los que su imagen comenzó a resquebrajarse.

Aquel incidente sirvió también para acabar con el silencio que envolvía la vida privada del Rey y conocer su vínculo con Corinna Larsen, que acabaría convirtiéndose en su pesadilla.

En el CIS de abril de 2013, la institución apenas recibió un 3,6 sobre 10. Los españoles comenzaban a percibir que el monarca no era tan ejemplar como debiera.

El 2 de junio de 2014, la Casa Real hacía pública su decisión de ceder el testigo a su hijo.

Tras cinco años de relativa calma y parapetado en su frágil salud, Juan Carlos I anunciaba en junio de 2019 su jubilación para poder descansar y llevar una vida lo más sosegada posible.

El cerco judicial se estrecha sobre él y Felipe VI decide cortar amarras con su padre y retirarle su asignación para proteger a la Corona.

La caída en Botsuana resquebrajó la imagen de Juan Carlos I de Borbón