sábado 28/5/22
                      Pedro Sánchez ayer, junto a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso. JUAN CARLOS HIDALGO
Pedro Sánchez ayer, junto a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso. JUAN CARLOS HIDALGO

Esquerra tenía ganas de dar un puñetazo en la mesa para visualizar que no siempre va de farol y que cuando lanza una amenaza no acaba dando marcha atrás. Lo hizo en la anterior legislatura, tumbando los Presupuestos del Gobierno, lo hizo con la reforma laboral y ayer votó en contra del decreto impulsado por el Ejecutivo para intentar paliar los efectos de la guerra en Ucrania.

Con su no al decreto anticrisis, los republicanos lanzaron un «primer aviso» a Pedro Sánchez para lo que queda de legislatura: cada votación va a ser un campo de minas, la mayoría de la investidura queda muy lejos y hay puentes que se han dinamitado. Esta vez no les temblaron las piernas, como están hartos de escuchar habitualmente. Esquerra no se molestó en debatir sobre el contenido del decreto, sobre si las medidas eran o no adecuadas.

La intervención de Montse Bassa fue breve y concreta. «Si quieren saber lo que vamos a votar y lo que pensamos de este decreto, pregunten al CNI y a la ministra Robles», aseguró. Su voto en contra fue como represalia a los, a su juicio, pocos pasos que ha dado el Gobierno en tratar de esclarecer el caso del espionaje a los dirigentes secesionistas y en la nula asunción de responsabilidades.

Esquerra inició la semana advirtiendo que la legislatura «pende de un hilo» y de que está dispuesto a tumbar «todas» las iniciativas que impulse Pedro Sánchez y ha aguantado la presión, a pesar de que sus dirigentes reconocían que la votación de las medidas anticrisis no era la más adecuada para hacerle daño al Gobierno, pues podían salir perjudicados los ciudadanos. Pero también eran conscientes de que si en la primera votación tras el estallido del ‘catalangate’ no se dejaban notar, su parroquia no se lo perdonaría.

La situación es reconducible, según los republicanos. Pero la exigencia es a día de hoy inasumible para el presidente del Gobierno. ERC se quiere cobrar la cabeza de la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la que sitúa como responsable última, pues el CNI depende de su departamento. El Ejecutivo avisó ayer a los independentistas de que el cargo de la ministra no peligra, por lo que unos y otros van a tener que hilar muy fino si pretenden que Esquerra regrese a la mayoría de la investidura. La mano sigue tendida por las dos partes.

Y sigue vigente el ultimátum de Pere Aragonès, que ha reducido al mínimo los contactos entre la Moncloa y el Palau de la Generalitat. La reunión o la llamada que los dos presidentes tienen pendiente puede marcar el futuro de las relaciones entre ambos. A ERC no le basta con tener una silla en la comisión de secretos oficiales. La formación de Oriol Junqueras reclama también una comisión de investigación y unas mínimas garantías para volver a tratar una «agenda antirepresiva».

ERC consumó su distanciamiento del Gobierno y al mismo tiempo cerró filas con Junts y la CUP. Durante esta legislatura en el Congreso ha sido muy difícil que las tres formaciones secesionistas votaran igual. No hay unidad estratégica en Madrid, como sí la hay entre ERC y EH Bildu, aunque ayer votaran distinto. Los tres grupos independentistas catalanes votaron en contra del decreto del Ejecutivo (PDeCAT votó a favor). Junts y la CUP aprietan a ERC para que rompa del todo con Sánchez. El caso de espionaje ha enfrentado al Govern y a ERC con el Gobierno y ha unido al secesionismo.

ERC consuma la amenaza a Sánchez y lanza un «primer aviso» para el resto de legislatura