jueves 19/5/22

La espía incapaz de devolver la discreción al CNI

Paz Esteban, a quien la ministra de Defensa Margarita Robles encomendó acabar con el bullicio provocado por Sanz Roldán y Villarejo, afronta el mayor escándalo de ‘La Casa’ desde 1995
                      Paz Esteban el día que tomó posesión de su cargo como directora del CNI. EFE
Paz Esteban el día que tomó posesión de su cargo como directora del CNI. EFE

Cuando aquel lunes 10 de febrero de 2020 Paz Esteban López tomó posesión del cargo, en la insulsa sede del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en el arcén de la autovía A-6, en las afueras de Madrid, muchos respiraron aliviados. Una de los suyos, una de ‘La Casa’, ahora sí y tras una interinidad de más de medio año, se convertía en la jefa de los más de 3.500 espías españoles. La llegada de una tranquila exanalista —nunca ha sido agente de campo— de larga trayectoria en los servicios secretos auguraba definitivamente para casi todos el fin de los tiempos convulsos vividos durante la última etapa del general Félix Sanz Roldán.

Todos daban por supuesto que el ascenso de Esteban —la primera mujer y también agente al frente de los servicios secretos— iba a servir para devolver el perfil bajo al espionaje patrio. De hecho, dicen que ese fue el principal encargo que le hizo aquel día Margarita Robles. La ministra le pidió que sacara a ‘La Casa’ del foco mediático en el que estaba instalada desde finales de 2017, a cuenta de la guerra despiadada entre el propio Sanz Roldán y su archienemigo, el comisario José Villarejo. Una lucha sin cuartel que había acabado con los nervios de muchos mandos de Defensa temerosos de que Villarejo llevara al extremo su amenaza de tirar de la manta y desnudar algunas de las actuaciones más delicadas del espionaje nacional. Pero que también había provocado que el nombre del CNI acabara arrastrado por los programas de la prensa rosa a cuenta de la utilización de los servicios secretos para tapar el romance del rey Juan Carlos y su amante, Corinna Larsen.

Aquella imagen de espías en el dormitorio —reconocen en ‘La Casa’— infligió un daño a la imagen exterior del CNI sólo comparable al escándalo de las ‘escuchas del Cesid’ (Centro Superior de Información de la Defensa), cuando en 1995 se destapó que los servicios secretos llevaban casi una década espiando y grabando a políticos, empresarios y periodistas sin autorización judicial, empezando por el propio jefe del Estado.

Aquel lunes 10 de febrero de 2020 en el que Esteban recogió el testigo de Sanz Roldán los recuerdos del escándalo de las ‘escuchas del Cesid’ que costó las cabezas de Narcís Serra, Emilio Manglano o Juan Alberto Perote era una pesadilla lejana para la inmensa mayoría de los que asistieron al acto de toma de posesión. Sólo un reducido grupo sabía que en esos precisos momentos la campaña de espionaje masivo a políticos independentistas catalanes con el sistema Pegasus que salpica al CNI —y por la que Esteban comparecerá esta semana en la comisión de secretos del Congreso— estaba viviendo su momento álgido.

Aquella mujer que accedía a su cargo bajo una inmensa pintura de una batalla naval y ante la atenta mirada de Margarita Robles no era ajena —o no debería haberlo sido— a lo que estaba ocurriendo en esos momentos en ‘La Casa’. Desde julio de 2019, casi coincidiendo con el inicio de la fase más intensa del espionaje con Pegasus, estaba al frente del CNI de forma interina. Pero desde mucho antes, desde junio de 2017 (sólo cuatro meses antes del 1-O), era la número 2 de los servicios secretos como secretaria general del centro, a propuesta del propio Sanz Roldán.

Cuando a inicios de 2016 el CNI se hizo con la licencia de Pegasus, Paz Esteban también ocupaba un puesto clave en el espionaje. Era jefa del Gabinete Técnico, un puesto al que accedió en 2010, una vez más, de la mano de Sanz Roldán. El mismo Sanz Roldán que en 2015, cuando Esteban era la número 2 de ‘La Casa’, modificó la estructura orgánica del CNI para crear la Unidad de Defensa de los Principios Constitucionales, a la que muchos sitúan detrás del espionaje a los políticos secesionistas.

Esteban, nacida en 1958, licenciada en Filosofía y Letras y experta en historia antigua y medieval, iba para bibliotecaria hasta que un familiar suyo le ofreció dejar una aburrida oposición para hacerse archivera para trabajar en un ministerio, que luego resultó ser el Cesid. Entró en ‘La Casa’ en 1983 durante el mandato de Manglano, al que vería caer poco más de una década después.

El escándalo de las escuchas no le salpicó porque ella estaba en otras cosas. Lo suyo era ser analista de inteligencia exterior, sobre todo relacionada con la Otan, primero, y luego con el yihadismo. De hecho, son conocidos sus ‘dossieres’ —«muy certeros», dicen quienes los han leído— sobre los atentados del 11-S en EE UU y el 11-M en Madrid.

En la sede de la carretera de La Coruña afirman que Esteban decidió (o pudo) escalar en ‘La Casa’ a raíz de la llegada de Rodríguez Zapatero a La Moncloa, aunque lo cierto es que ‘la espía’ ha tenido también una muy buena relación con la exvicepresidenta del Gobierno de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría. Ella fue su jefa directa durante el lapso en el que los servicios secretos dejaron de depender orgánicamente de Defensa.

Su relación con Margarita Robles, cuentan, también es «inmejorable». De hecho, fue la actual ministra de Defensa la que se dejó la piel, en contra del criterio de muchos mandos de las Fuerzas Armadas, para que fuera Esteban, y no un militar de alto rango, quien sucediera a Sanz Roldán.

La ministra, apuntan todas las fuentes consultadas, sigue apostando «al 100%» por la que ya denomina «amiga». En el CNI destacan el importante trabajo impulsado por Esteban en la «lucha de contrainteligencia» con Rusia, sobre todo a raíz de la invasión de Ucrania, y parecen no tenerle todavía muy en cuenta que es evidente que a estas alturas no ha sido capaz de devolver a los servicios secretos el perfil bajo que casi todos esperaban recuperar en ‘La Casa’ tras el paso del «tifón Villarejo-Corinna».

La espía incapaz de devolver la discreción al CNI