Diario de León

Puigdemont y Junqueras se reencuentran cuatro años después pero no sellan la paz

Los dos líderes del ‘procés’ inician el deshielo en Waterloo en medio de un clima enrarecido por los recelos mutuos

Junqueras y Puigdemont, con las delegaciones de ERC y Junts, ayer, en Waterloo. STEPHANIE LECOCQ

Junqueras y Puigdemont, con las delegaciones de ERC y Junts, ayer, en Waterloo. STEPHANIE LECOCQ

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Los que fueron líderes indiscutidos del ‘procés’ no se veían cara a cara desde el 27 de octubre de 2017. Aquel día comparecieron juntos ante el despacho del presidente de la Generalitat en el Parlamento catalán y leyeron un comunicado arropados por los diputados de sus partidos y de la CUP. Acababan de declarar la independencia de Cataluña. La imagen de ayer fue distinta. Juntos, en la escalinata de la Casa de la República de Waterloo, último vestigio que queda del 1-O, acompañados por Carme Forcadell y los exconsejeros Raül Romeva, Dolors Bassa, Meritxell Serret y Toni Comín y el rapero Valtonyc.

En las formas y en los prolegómenos de la cita quedó claro que las diferencias que les han separado estos cuatro años son enormes, aunque los protagonistas dicen que no son insalvables. Puigdemont ni siquiera salió a recibir a Junqueras a las puertas de su residencia y no hubo comparecencia conjunta tras el encuentro. Compartieron eso sí mesa y mantel, en grupo, durante más de dos horas. No hubo reproches y sí buenas y cariñosas palabras, según trascendió. Pero no están de acuerdo ni en el tratamiento.

En la convocatoria de ERC, Puigdemont aparecía como presidente de Junts y no como presidente de la Generalitat, mientras que la nota del Consejo para la República sí se refería al ‘Molt Honorable President’.

El republicano dijo a la salida que en el interior se habían abrazado aunque en el exterior, para la foto de familia, ni siquiera se dieron la mano. El exvicepresidente habló de un encuentro de tipo «personal», «especial», «agradable» y «emotivo», más que de contenido político. Según el líder de Esquerra, compartieron el compromiso de luchar contra la represión. Puigdemont ni siquiera salió a dar su versión. Pese a todo acordaron volver a verse.

Iniciaron el deshielo, pero la paz independentista está lejos. Nunca han sido amigos, ni lo serán, aunque sus partidos gobiernan juntos en Cataluña y están obligados a poner en marcha su particular agenda del reencuentro. No obstante, la pugna por el liderazgo del movimiento secesionista está por encima de todo.

Tras la declaración de independencia, Puigdemont y Junqueras, que fueron destituidos de acuerdo al artículo 155 de la Constitución, optaron por estrategias divergentes. El primero huyó a Bruselas, donde permanece desde entonces, mientras que el republicano se quedó en Cataluña por «responsabilidad» y asumió el juicio, la condena y la pena. Rompieron en lo político y también en lo personal.

Puigdemont insiste en el discurso de 2017, defiende la unilateralidad y apuesta por no facilitar la gobernabilidad española. El presidente de ERC mantiene que la vía unilateral no es deseable ni posible y pilota un cambio estratégico de su partido hacia posiciones más pragmáticas.

SIN PERDÓN HASTA HOY

El desgaste de un año y medio muy convulso juntos en el Govern y el final abrupto del ‘procés’ provocó un enfrentamiento entre ambos que dura hasta hoy. Durante estos cuatro años han mantenido contactos telemáticos muy esporádicos. Puigdemont nunca ha perdonado a Junqueras que apretara en octubre de 2017 para que el Parlament proclamara la declaración unilateral de independencia cuando el president quería dar marcha atrás y convocar elecciones. El exvicepresidente se la tiene jurada por huir tras declarar la independencia cuando pidió a sus compañeros de gobierno que el lunes siguiente acudieran a sus puestos en las consejerías. Puigdemont en su libro ‘M’explico’ reprocha a Junqueras sus «deslealtades» durante su etapa de gobierno.

Fuentes soberanistas apuntan que el encuentro de ayer hubiera sido más útil si se hubieran visto los dos solos y no junto a delegaciones de sus partidos. La semana pasada, Junqueras y los indultados de ERC visitaron a Marta Rovira en Ginebra, mientras que los de Junts viajaron a Waterloo. El líder de ERC mostró en un principio su intención de verse con el expresidente, pero en Estrasburgo. Puigdemont se negó, lo que quería era que acudiera a su casa, donde recibe como el «presidente legítimo» de Cataluña. Una cuestión de ego y de estrategia en su inetnto de capitanear el movimiento.

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