viernes 22/10/21

José Sacristán, el niño que hacía el indio frente a su abuela

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El actor José Sacristán ha recibido este lunes en el marco del Festival de San Sebastián el Premio Nacional de Cinematografía 2021. JUAN HERRERO

"Hace poco leí una entrevista a mi admirado Luis Landero en la que citaba a Nietzsche. Decía: no hay mayor seriedad que la del niño cuando juega. Yo me ataba unas cuantas plumas de gallina en la cabeza y me plantaba, desafiante, ante mi abuela. ¡Virgen santa! ¡Un indio!, gritaba ella.

Se lo ha creído, pensaba yo. Cuando tuve noticia de la concesión de este premio, volví a oír el grito de mi abuela. ¡Se lo han creído!".

José Sacristán (Chinchón, 1937) convirtió este lunes su discurso de agradecimiento al recibir el Premio Nacional de Cinematografía en una pequeña representación teatral, tal es la capacidad hipnótica de una voz que se ha hecho más grave con los años y cuyo tono ya está a la altura de la de su admirado Fernando Fernán Gómez. "Se han creído que era el recluta, el emigrante, el ingeniero, el de los globos, el asesino. ¡Qué suerte, más de sesenta años sin dejar de jugar!", confesó el actor en la última planta del edificio de Tabakalera ante un auditorio embelesado.

El Nacional de Cine se entrega tradicionalmente el primer domingo del Festival de San Sebastián, pero este lunes era el único día en que Sacristán descansa de las representaciones de 'Señora de rojo sobre fondo gris', la obra de Miguel Delibes con la que lleva tres años de gira por los escenarios de España. Como recordó Aitana Sánchez-Gijón, su compañera durante cinco temporadas en la serie 'Velvet', los actores pueden disfrutar de una jornada de descanso gracias a la huelga que Sacristán y otros como Juan Diego, Ana Belén y Tina Sáinz hicieron en 1975. "Porque Pepe es el hijo del Venancio y de la Nati, un niño del Chinchón de posguerra que se crió con su abuela hasta los siete años mientras su madre seguía los pasos del padre de cárcel en cárcel. Un niño que comprendió muy pronto que a su familia le había tocado del lado de los que habían perdido", contó la actriz.

El ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia, el presidente de la Academia de Cine, Mariano Barroso, y el director del Festival, José Luis Rebordinos, aplaudieron a rabiar en un acto al que también acudieron amigos como el cineasta Pedro Olea y el director teatral Jaime Azpilicueta. El Nacional de Cine, concedido por unanimidad del jurado y dotado con 30.000 euros, reconoce la carrera de un actor icónico que, por suerte para todos nosotros, sigue muy en activo a los 84 años que cumplirá el próximo lunes.

Desde que debutó en 1965 en 'La familia y... uno más', Sacristán lo ha sido todo en el cine español. Ha encarnado mejor que nadie al españolito de la Transición, zarandeado por la herencia franquista y los nuevos aires de libertad. Su rostro ha aparecido tanto en el mejor cine de autor como en las comedias taquilleras en las que perseguía suecas junto a Alfredo Landa. El galardón se lo dan "por representar la historia viva del cine español de los últimos sesenta años y por haber encarnado como nadie las contradicciones, vicisitudes e idiosincrasia de una sociedad en transformación".

Recuerdo a Mario Camus "He dedicado gran parte de mi carrera no a desentrañar la complejidad de los personajes, sino a ver cómo puñetas llegaba a fin de mes y podía pagar el alquiler", se sinceró el actor. "Cada vez que subo a un escenario o me pongo delante de una cámara siento las plumas de gallina atadas a mi cabeza. Y siento rebullir el trajín, el entusiasmo, el asombro que produce la profunda seriedad del juego".

Sacristán dio las gracias a todos los que le han ayudado en el camino, pidió disculpas a sus hijos "por el tiempo que el peliculero le ha podido robar al padre" y recordó a su mujer, Amparo Pascual, "que siempre ha estado ahí".

El hombre que puso 100.000 pesetas para la creación de la Academia de Cine tuvo que esperar hasta 2013 para recibir un Goya por 'El muerto y ser feliz', película que ya le había brindado su segunda Concha de Plata en San Sebastián tras la que obtuvo en 1978 por 'Un hombre llamado Flor de Otoño'.

Director de tres largometrajes, José Sacristán ha sido reivindicado por una nueva generación de cineastas que aprovechan en el cine su condición de referente moral que va más allá del trabajo de actor. Como homenaje a su "maestro y amigo" Mario Camus, el protagonista de 'Asignatura pendiente', 'El diputado', 'El viaje a ninguna parte', 'La vaquilla', 'Magical Girl' y más de cien películas, citó a Cervantes en su despedida: "Si yo pudiera sacar mi corazón y ponerlo ante vuestros ojos, quitaba el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar".

"Vivir pendiente de los premios es temerario, no los rechazo, pero no es aconsejable para la salud andar pendiente de si te lo dan o no", contaba el actor a este periódico tras finalizar el acto. "Yo estoy muy contento y agradecido. Sé que me dedico a algo que no es competitivo.

Se sabe quién llega primero a la meta o quién mete más goles. ¿Alguien decide que tú eres el mejor actor? Bienvenido sea".

Los 30.000 euros del premio tampoco vendrán mal. "Hace mucho tiempo que ya no sé qué hacer con el dinero", ironiza Sacristán. "No podemos abrir la puerta de casa por los brillantes y los visones tirados por el suelo". Los actores en estos tiempos de pandemia, reflexiona, también han sido más necesarios que nunca. "La gente tiene necesidad del encuentro y de una cierta terapia, que es la que proporciona el espectáculo y la cultura. Es saludable".

José Sacristán, el niño que hacía el indio frente a su abuela
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