Diario de León

El aborto sacude la política de EE UU

La ley que obligará a millones de texanas a interrumpir su embarazo podría salvar en otros Estados la presidencia de Joe Biden

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Falta más de un año para las elecciones de medio mandato en las que se juega el poder del Congreso y ya hay tema para la campaña: el aborto. Gracias a la decisión del Supremo de dejar correr la ley más restrictiva que se haya implementado en Estados Unidos desde su legalización en 1973, ambos partidos tienen un instrumento para movilizar el voto.

El cuerpo de las mujeres vuelve a ser un arma política. Millones de ellas se han quedado sin la posibilidad de un aborto seguro en su entorno. Como las españolas durante la dictadura franquista, las texanas tendrán que cruzar las fronteras del Estado para la intervención que protegerá sus vidas. O al menos, la vida que han elegido tener. La polémica SB8 prohíbe de facto el aborto para el 85% de las mujeres, o sea, todas las que no sean capaces de interrumpir su embarazo antes de las seis semanas, apenas un mes y medio desde la concepción, el tiempo que tarda una mujer en sospecharlo. No hay excepciones ni para malformaciones del feto, ni violaciones o peligro para la madre.

Con todo, lo más maquiávelico de la ley es que está diseñada para sobrevivir a cualquier desafío legal al proporcionar excusas técnicas a los jueces conservadores que, como los cinco del Supremo que conforman la mayoría, gracias a los tres nombramientos de Donald Trump, quieran dejarla correr. Para retarla en los tribunales habría que nombrar a alguna autoridad en la demanda, pero en este caso no será ninguna la que la implemente. La ley convierte en policía a todos los ciudadanos para que eleven la causa en los tribunales a nivel individual, no solo contra los médicos o las clínicas que practiquen la intervención, sino contra cualquiera que «sea cómplice» o participe «de modo alguno», lo que podría incluir desde la recepcionista de la clínica hasta el conductor de Uber que lleve a la mujer o la amiga que le preste el dinero.

Por si el incentivo ideológico del extremismo cristiano no fuera suficiente, la ley prevé compensar con 10.000 dólares a estos ciudadanos que descubran un aborto y lleven a los implicados hasta los tribunales. Además, el mismo aborto puede ser denunciado en cada uno de los condados en los que exista una persona atribulada por el supuesto crimen, lo que potencialmente puede generar 254 demandas por la misma acusación, una por cada uno de los 254 condados texanos. Bastará con encontrar un ciudadano u organización dispuesto a denunciarlo en cada uno, y no faltarán.

Los extremistas contra el aborto ya han puesto en la web páginas como la de ProLifeWhistleBlower.com, desde la que cualquiera puede dar «un chivatazo anónimo» con la promesa de que «no te contactaremos ni te involucraremos». Tan solo «ayúdanos a implementar la ‘ley del latido’ de Texas», dice la web.

Lo del «latido» es una falacia propagandística inventada por el movimiento antiabortista para poder clamar que defienden «a los niños no nacidos».

«Ahora tu hijo está protegido desde el primer latido», dice la propaganda, ya que la ley estima que a partir de la sexta semana de gestación se puede detectar el latido. Nadie lo puede corroborar. En ese momento solo se trata de una célula que resulta de la fertilización de óvulo y esperma.

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