sábado. 25.06.2022
                      Civiles de Odesa dentro de un refugio subterráneo durante una alarma de ataque aéreo. LESZEK SZYMANSKI
Civiles de Odesa dentro de un refugio subterráneo durante una alarma de ataque aéreo. LESZEK SZYMANSKI

«A partir de ahora, el gas es un bien escaso». Así lo advirtió ayer el ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, tras activar la llamada segunda fase del plan de emergencia gasística. Los suministros procedentes de Rusia no se han cortado tras la invasión de Ucrania por parte de las tropas del Kremlin el 24 de febrero pasado, pero sí han disminuido. Algo que en una potencia como Alemania, con 82 millones de habitantes y una fuerte dependencia del gas ruso, equivale a emergencia.

La seguridad del suministro está por el momento garantizada, pero no hay que confiarse, añadió Habeck. Actualmente los depósitos están con un nivel del 58% más llenos que el año pasado. Pero el escenario que se contempla es de una reducción a medio plazo de un 60%, lo que dejará esos depósitos vacíos durante el próximo invierno.

De hecho, Habeck empezó a preparar ya a la población al duro invierno con un plan de «austeridad energética», al presentar hace unas semanas un catálogo con trucos sobre cómo ahorrar energía (ducharse rápido, bajar la calefacción y el aire acondicionado o usar la bicicleta).

El ministro de Economía y el Clima, con rango de vicecanciller en el Gobierno de Olaf Scholz, llevaba días advirtiendo de que el presidente Vladímir Putin está usando el gas «como arma de guerra». Y no la utiliza sólo contra Alemania, que a raíz de la invasión ha dejado de ser el gran cliente energético que fue bajo el socialdemócrata Gerhard Schröder y la conservadora Angela Merkel. El propósito del líder del Kremlin es «destruir la unidad de Europa, la solidaridad y la disposición a apoyar a Ucrania», según Habeck.

El representante de los Verdes es ahora mismo el político mejor valorado del país y también en más presente en los medios, muy por delante de Scholz. Se ha lanzado con pragmatismo a la búsqueda de alternativas al gas ruso y logrado rebajar en unos meses las importaciones del 55% en febrero al 35% actual.

Mientras, los Veintisiete dieron ayer un mensaje claro a la perspectiva europea de Ucrania con la aprobación formal de su estatus como país candidato a entrar en la Unión Europea (UE). Lo hicieron sin fijar plazos, dejando claro que el proceso, a partir de ahora, estará sujeto a los méritos y reformas que lleve a cabo el país para adaptarse a los estándares marcados por Bruselas. La luz verde de los líderes europeos tiene una lectura en clave política, como señal de apoyo al pueblo ucraniano ante la invasión rusa.

La propuesta de Bruselas prevé una revisión a final de año antes de discutir cuáles serán los siguientes pasos para Kiev. El Consejo Europeo también aceptó la candidatura de Moldavia. No así a Georgia, a quien los países europeos y el Ejecutivo comunitario reconocen sus aspiraciones europeas, pero piden más reformas en profundidad para poder considerar su futura entrada en la UE.

Los Balcanes, incómodos

La candidatura de adhesión de Ucrania se ha tramitado en tiempo récord, algo que ha incomodado a los Balcanes occidentales. Von der Leyen, trató de calmar los ánimos y avanzó que «no habrá atajos» para ningún país aspirante. El presidente del Consejo Europeo aprovechó su intervención de ayer para subrayar que «es momento de revitalizar el proceso de adhesión de los Balcanes occidentales».

Los líderes de los Balcanes occidentales se mostraron favorables a la candidatura de Ucrania, pero el primer ministro de Albania, Edi Rama, advirtió a los ucranianos de que «no se hagan ilusiones» en torno a un proceso que puede llevar décadas. «Macedonia del Norte es candidato desde hace 17 años, si no he perdido la cuenta. Albania, desde hace ocho. Así que bienvenida, Ucrania», ironizó a su llegada a Bruselas.

El enfado de los dirigentes de los países balcánicos fue evidente al cierre del encuentro previo a la cumbre europea, que tacharon de «histórico en lo negativo».

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