miércoles 28/7/21

Biden se trae en su gira a Europa la confrontación de EE UU con China

Blinken pide a la OMS una nueva investigación en el gigante asiático sobre el origen del virus
Boris Johnson gesticula en la foto de familia del G-7 con Biden a su lado ayer, en Carbis Bay. HOLLIE ADAMS

Estados Unidos ha demostrado su capacidad para no dejarse los viejos fantasmas en casa y actuar, en caso de necesidad, como la gota malaya. Mientras el presidente se preparaba para reunirse con los demás líderes del club de los siete países más ricos del mundo, su jefe de Exteriores, Antony Blinken, llamaba este viernes desde Cornualles a su homólogo chino, Yang Jiechi, para exigirle «transparencia» y permitir que un nuevo equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) regrese al gigante asiático para investigar el origen del coronavirus.

La llamada de «presión», según han calificado algunos medios esta conversación, se suma a la declaración difundida por la Unión Europea nada más aterrizar Joe Biden en Reino Unido en la que secunda su solicitud de volver a estudiar la causa de la pandemia.

La apelación de Blinken a la OMS resulta hasta cierto punto extraña si se tiene en cuenta que esta organización ya viajó a China y su equipo de científicos escribió a su regreso que era «altamente improbable» que el Covid-19 saliera del laboratorio de Wuhan y certificaba su origen natural: un virus que pasó de los animales a los humanos, la teoría defendida por la gran mayoría de la comunidad científica.

Joe Biden, sin embargo, ha recuperado la hipótesis de su predecesor, Donald Trump, de que el patógeno pudo escaparse accidentalmente del centro de investigaciones de Wuhan, lo que muchos creyeron una excusa del exmandatario para desviar la atención sobre su gestión sanitaria. Y Biden ya no se contenta con que la CIA lo investigue, según ordenó recientemente a los servicios de inteligencia, sino que quiere a la OMS, con el argumento de que sus especialistas no habrían tenido acceso a toda la información en Wuhan.

Yang Jiechi replicó ayer a Blinken que su petición es el resultado de una diplomacia de «camarillas» de EE UU ante la cumbre del G7. «El multilateralismo real no consiste en un pseudomultilateralismo basado en los intereses de pequeñas camarillas» reprendió el responsable de asuntos diplomáticos en el Partido Comunista chino.

En mayo, los ministros de Exteriores del G7 ya coincidieron en la necesidad de unirse ante la «amenaza» de Rusia y China. Sin, embargo, fuera del papel y de las declaraciones, la cuestión no resulta tan sencilla.

Mientras EE UU apuesta por una estrategia radical ante Pekín, otros países como Reino Unido entienden que, dentro de la rivalidad, será necesario un sentido más colaborativo para solucionar problemas actuales, como el cambio climático, y también futuros, como el surgimiento de nuevas pandemias.

El presidente Biden se afana desde ayer en restaurar los lazos con los aliados tradicionales en el G7, tras el mandato de Donald Trump, y prueba de ello es el anuncio hecho por la Casa Blanca de que recibirá en julio a la canciller alemana, Angela Merkel. Además, durante la cumbre del G7 en Carbis Bay (Cornualles, en el suroeste del Reino Unido). Biden mostró su sinotonía con el presidente de Francia, Enmanuele Macron, y su secretario de Estado preparó con la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, la cita del lunes entre Biden y Pedro Sánchez.

También los países de la UE buscan en el G7 una posición común con Estados Unidos sobre China, país al que consideran «un socio ante los retos globales y un competidor».

Ayer, Biden y la primera dama Jill Biden fueron recibidos, como el resto de dirigentes y sus esposas, en la playa de Carbis Bay por el anfitrión de la cumbre, el primer ministro británico Boris Johnson, que estuvo acompañado por su mujer, Carrie Johnson. «Me siento como en una boda», bromeó la primera dama estadounidense cuando llegaba a la playa junto a su marido, quien en el mismo tono ligero propuso que todos se metieran «en el agua».

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