viernes 28/1/22
                      Boris Jhonson ayer, en el cumbre de Roma. RICCARDO ANTIMIANI
Boris Jhonson ayer, en el cumbre de Roma. RICCARDO ANTIMIANI

Desaparecida ya la euforia por el histórico Acuerdo de París (2015), el planeta encara una de esas cumbres climáticas para las que habría que inventar nuevos adjetivos y que sólo se pueden definir en términos de amenaza existencial.

La COP26, que se abrió ayer formalmente en Glasgow (Reino Unido), acoge las negociaciones entre casi 200 países por mantener viva la aspiración que se marcaron en París de limitar el calentamiento global en 1,5 grados centígrados sobre los niveles preindustriales. Es también la prueba de fuego para el primer ministro británico Boris Jhonson en su gran apuesta diplomática tras el ‘brexit’.

Como punto de partida existen dos consensos unánimes: el primero, que las cosas van mal para alcanzar el objetivo; el segundo, que aún se está a tiempo de enderezar el rumbo y además se sabe cómo hacerlo.

Pese a que los augurios que preceden a la cita no son halagüeños, los organizadores de la conferencia trataron de sonar optimistas en sus discursos al abrir la conferencia.

«Si actuamos ahora y actuamos juntos, podemos proteger nuestro querido planeta. Así que unámonos estas dos semanas y hagamos que lo que París prometió, lo consigue Glasgow», dijo el presidente de la COP26, el británico Alok Sharma.

Según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, los actuales compromisos de los países por reducir emisiones llevarán a un calentamiento global de 2,7 grados al final de este siglo.

¿Y eso qué significa? Sencillamente, que el cambio climático tendrá consecuencias «catastróficas» sobre la humanidad y el planeta.

Ni siquiera hará faltar esperar hasta entonces para constatar que los fenómenos climatológicos extremos son ya «la nueva normalidad», como reveló hoy la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en un estremecedor informe presentado este domingo.

Pese a que el pistoletazo formal de salida se dio ayer, será a partir de mañana cuando unos 120 líderes mundiales se verán cara a cara en Glasgow, en la mayor concentración de este tipo desde que estalló la pandemia.

En la foto de familia se echará de menos la presencia de rostros tan relevantes como el del presidente de la mayor potencia emisora de gases de efecto invernadero, el chino Xi Jinping, u otros como el ruso Vladímir Putin, el mexicano Andrés Manuel López Obrador o el brasileño Jair Bolsonaro.

Sí estarán en cambio el estadounidense Joe Biden, tras volver al Acuerdo de París de donde lo había sacado Donald Trump, el indio Narendra Modi o la mayoría de dirigentes europeos.

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