miércoles. 30.11.2022
Carmela Rodríguez Martínez, con algunas de sus compañeras de estudio en La Academia. MARCIANO PÉREZ

«Mi afán no es ser funcionaria, es conseguir un empleo estable», explica Carmela Rodríguez Martínez, quien comenzó a estudiar oposiciones en 2018 motivada por varias circunstancias personales. Ahora está volcada en su preparación y comparte horas de estudio con sus tres hijos, como ocurrió durante el confinamiento, porque aunque se ha presentado ya a varias pruebas, a ella, a sus 54 años, no la «desanima nada».

Cuando la empresa en la que trabajaba su marido quebró, decidió que era el momento de volver al mercado laboral. Ambos habían dejado sus trabajos en Madrid para poder dedicar tiempo a sus hijos y se trasladaron a La Bañeza, pero cuando su marido perdió el empleo decidió firmemente que su salida era preparar una oposición después de presentar currículums y currículums por todo León.

A la academia llegó con un amigo de su hijo mayor. «Los profesores me han ayudado mucho, porque no sabía a lo que me enfrentaba», señala Carmela, para explicar que ella estaba acostumbrada a estudiar Física o Matemáticas y que sumergirse en el mundo de las leyes y las normativas al principio le costó mucho. Ahora tras dos años de intenso estudio y muchas pruebas a sus espaldas las tiene dominadas.

Con sólo dos meses y medio en la academia se presentó a auxiliar administrativo del Estado. «No superé el corte, pero no tuve malos resultados y me vine arriba», dice. Aprobó una oposición de Sacyl y ya tendría la plaza si no hubiera sido por un problema burocrático. «No era para mí, el destino me jugó esa pasada y yo tengo que seguir estudiando», dice pese a todo. Se ha presentado a ofertas de empleo de varios ayuntamientos, está en varias bolsas y ahora está centrada en las de administrativo de la Universidad de León. «Sigo peleando, estoy contenta y sé que esto es una carrera de fondo», argumenta.

Pese a la situación actual, Carmela no daría marcha atrás y volvería a tomar la decisión de dejar Madrid para poder disfrutar de su familia como lo ha hecho. «Mi hijo pequeño me pide que descanse un rato y deje de estudiar para poder estar un poco juntos y mi marido también ha renunciado a muchos tiempo con su compañera. Esto es un sacrificio absoluto para todos y a ellos también se les está haciendo larga la espera», comenta esta mujer incansable, dicharachera y decidida que sabe que alguna de las plazas de oferta de empleo público seguro que será para ella. En ello pone su empeño cada día, arañando tiempo de donde puede. «Lo que más me gustaría sería sacar una plaza de Sacyl, porque sé que además ayudaría directamente a la gente, yo soy muy sociable y me motiva mucho», asegura esta mujer luchadora antes de ir a La Academia.

«Mi hijo me pide que descanse un rato para estar juntos»