sábado 10/4/21
Efectos de la pandemia

Más de la mitad de las 400 viviendas de uso turístico se pasan al alquiler residencial

La crisis sanitaria sin precedentes deja sin huéspedes al sector en León, que opta ahora por arrendamientos largos
El casco antiguo alberga muchas de las viviendas turísticas de León. RAMIRO

El batacazo sin parangón que vive el sector turístico desde hace ya un año —con el único alivio de los meses de verano— ha parado en seco el crecimiento desenfrenado que vivió hasta entonces el fenómeno de las conocidas como viviendas de uso turístico. Ante la crisis, cuyo fin aún no se vislumbra, más de la mitad de los 400 alojamientos inscritos bajo esta denominación en León han decidido pasarse al mercado del alquiler residencial para salvar la situación ante la falta de ingresos. Incluso, de acuerdo a los datos reflejados en el estudio Impacto de la pandemia en el alquiler vacacional, del portal Fotocasa, un importante porcentaje de ellos se dedicarán ya al alquiler convencional de forma indefinida.

Y es que tal y como constata el Boletín de Coyuntura Turística de Castilla y León 2020, elaborado por la Junta, el pasado año las viviendas de uso turístico tuvieron una ocupación media en la provincia de León de únicamente el 9,12%, con 3,03 días de ocupación por alquiler. En su conjunto, estos 400 alojamientos recibieron 14.178 huéspedes y sumaron 43.023 pernoctaciones.

Contrariamente a lo que podía imaginarse, dado el zarpazo que desde el primer momento supuso la pandemia para el turismo, el número de viviendas de uso turístico creció en 2020 un 19,8%. Entre todas, contabilizan 2.266 plazas, que suponen un 22,6% más que en 2019. Un aumento no paralelo a la demanda, con la consiguiente crisis y la necesidad de buscar vías alternativas, como el alquiler residencial, para la supervivencia.

Falta de clientes
Durante 2020 sólo lograron alcanzar una ocupación media del 9,12% como alojamientos

«Necesitan ingresos y optan por el mercado de alquiler largo, cuando se recupere el turismo y vuelva la demanda previsiblemente regresen al mercado de los alojamientos. Dependerá de cómo vaya todo, si se queda a medio gas seguirán con el alquiler normal», reconoce el presidente de la Asociación de Hostelería y Turismo de León, Martín Méndez.

«Con la pandemia no hay turismo y cada uno se busca la vida como puede», incide en la misma idea Blanca Santamaría, miembro de la Asociación de Alojamientos Independientes (Adai) y propietaria del bloque de apartamentos turísticos Slow León, en casco antiguo.

Los apartamentos turísticos también forman parte de los azotados por la crisis de visitantes, al igual que el resto de los alojamientos. La Junta tiene registrados en León 54 —muchos de ellos complejos con varios inmuebles repartidos en plantas—, con un total de 1.101 plazas, un 7,6% más que en 2019. El año pasado tuvieron una ocupación media del 16,12% y estancias de 2,72 días. Recibieron 15.208 clientes y registraron 41.317 pernoctaciones.

En este sector también han tenido que acudir a otras fórmulas para resistir, como el alquiler de larga estancia a trabajadores de paso por León, como admite Santamaría. Lamenta que para las viviendas de uso turístico sólo sea preciso contar con una declaración responsable que avale que efectivamente ese inmueble se va a dedicar al fin que asegura, mientras que para los apartementos turísticos se requiera una licencia de la institución autonómica, como si de hoteles se trataran. «En realidad tienen más derechos que nosotros, no pagan impuestos específicos del sector. A nosotros de nada nos sirve, ahora que necesitamos ayudas y exenciones y no llegan...», denuncia.

Supervivencia
«Con la pandemia no hay turismo y cada uno ahora se busca la vida como puede»

Para su nueva misión, como casas de alquiler residencial, las viviendas de uso turístico simplemente tienen que pedir la baja del registro, en el que ingresaron con la firma de la declaración responsable.

El fenómeno de estas viviendas está muy ligado, manifiestan desde la Asociación de Alojamientos Independientes, a las herencias. «Muchas son las casas de los abuelos, que las arreglan un poco y las alquilan en los portales destinados a los turistas que buscan este tipo de lugares para pernoctar en una ciudad».

Tanto los apartamentos, como las viviendas destinadas al alquiler turístico, se encuentran ubicadas principalmente en entornos urbanos, sobre todo, en la capital de la provincia; también en Ponferrada y lugares como Astorga.

Cada uno de estos alojamientos alternativo a los establecimientos tradicionales, las viviendas de uso turístico, cuentan de media con una docena de plazas, de acuerdo a estimaciones de Adai. También existen viviendas que llegan a albergar hasta quince huéspedes y aquellas que no superan los cuatro. Esta asociación se ha convertido en un colectivo especialmente combativo con la proliferación de «la competencia sin ningún tipo de licencia».

En épocas de bonanza turística «los propios apartamentos legales están trabajando ya con ilegales y generan una red paralela fuera de control; tiran piedras contra su propio tejado». Cuando sus apartamentos están completos, como en puentes de afluencia masiva o Semana Santa, y asumen más demanda, derivan a sus huéspedes a viviendas con las que trabajan. Un fenómeno que consideran debe atajarse con una normativa más estricta.

Más de la mitad de las 400 viviendas de uso turístico se pasan al alquiler residencial