martes 24/5/22

El empobrecimiento, sobre todo el relacionado con las rentas de trabajo, ha afectado de forma especial en los últimos años al sector más joven de la población, y la crisis sanitaria no ha venido sino a agravar el problema.

En el caso de León, la situación se agrava con una alarmante pérdida de efectivos en el colectivo de trabajadores de menor edad. En 2007 eran 89.108 los empleados por cuenta ajena menores de 35 años; una cifra que se ha reducido hasta los 43.526 en el ejercicio de 2020. Una caída de más de la mitad de un colectivo vital para el futuro y las contribuciones al sistema público.

Lo más preocupante es que los jóvenes que se han quedado empleados en León han visto cómo sus ingresos han caído también, frente al incremento que se registra en las percepciones del conjunto de los asalariados, en todos los tramos de ingresos. Si los menores de 18 años cobraban una media de 3.928 euros anuales en 2007 (según las rentas de trabajo que declaraban), en 2020 la percepción media se rebajó a 1.175 euros. Desde la mayoría de edad a los 25 años perdieron casi 1.600 euros anuales de ingresos, hasta los 6.989. Y los de 26 a 35 años vieron también reducidos sus ingresos medios en casi 300 euros, hasta los 15.548.

niños condenados

Según el informe de la Fundación La Caixa, desde la Gran Recesión «la pobreza se está cronificando, especialmente en los hogares más jóvenes y con menores dependientes. Durante los últimos quince años se ha duplicado el porcentaje de niños que viven en un hogar en el que ninguno de los miembros activos está empleado».

El informe elaborado por Luis Ayala y Olga Cantó para la Fundación La Caixa desvela que la probreza «se está cronificando especialmente en los hogares más jóvenes y con menores dependientes». Durante los últimos quince años se ha duplicado el número de niños que viven en hogares donde ninguno de los activos está empleado. «Antes de la pandemia, casi el 14% de los menores llevaban tres años o más de pobreza». Los expertos advierten de que si «las dificultades persisten de generación en generación», la situación de dependencia se cronifica y hay menores posibilidades de cambiar de estrato social. La pobreza es ya crónica.

La mitad de los jóvenes se han ido, y los que quedan cobran menos