Muere el prestigioso catedrático Justino Burgos

El catedrático Justino Burgos. ARCHIVO
A Justino Burgos González, catedrático de Tecnología de los Alimentos que fue vicedecano (1970-77) y decano (1977-81) en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León, donde también ejerció de vicerrector de Investigación en 1983, le sobrevino la muerte a los 90 años en Zaragoza, el pasado 26 de noviembre. el profesor Burgos fue, además, una de las personas que participó activamente en la configuración de campus de Vegazana.
Nació el 1 de enero de 1933 en la villa cántabra de Lamasón. Realizó sus estudios en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, licenciándose en 1955 con premio extraordinario. Alcanzó el título de doctor en 1960 en la misma universidad concediéndosele el premio extraordinario de la Universidad y el del gobernador civil de Zaragoza. Después de un periodo de formación de 5 años en el Reino Unido (universidades de Reading, Liverpool y Leicester) ganó en 1963 la cátedra de Industrias de la Leche, Carne y Pescado (denominada años después de Tecnología de los Alimentos) de la Facultad de Veterinaria de León donde, aparte de la docencia de la disciplina antes mencionada, crea un equipo de investigación con un puñado de recién licenciados que dio lugar a la primera promoción de discípulos, y en 1989, al trasladarse a la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, forma una segunda hornada de científicos.
En el Reino Unido, el profesor Burgos había captado la forma de “hacer ciencia” y enseña a sus doctorandos cómo identificar lagunas existentes en el ámbito científico, cómo plantear hipótesis para resolverlas y cuáles eran las investigaciones arriesgadas que merecía la pena acometer para dar respuesta a problemas científicos existentes y, de esta forma, contribuir al avance del conocimiento.
La docena de discípulos directos formaron a nuevos doctores bajo la misma pauta que asimilaron del maestro. Surgió así la escuela del profesor Burgos, un linaje académico que fue multiplicándose en años posteriores y tras medio siglo se ha convertido en una de las escuelas más numerosa y acreditada de la Universidad Española que cuenta en la actualidad con un centenar de profesores universitarios (catedráticos, profesores titulares, profesores contratados de la Universidad Española y de algunas del extranjero).
Dejó el cargo de vicerrector de Investigación de la Universidad de León al ser nombrado Consejero de Educación y Cultura en las primeras Cortes de Castilla y León. En la gestión de la ciencia, fue coordinador del área de Tecnología de los Alimentos de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP) durante los tres años reglamentados (1993-96), miembro del Consejo Rector del CSIC y miembro de comités científicos de diversos congresos. En 1998 tuvo que abandonar sus actividades universitarias al verse afectado por un ictus cerebrovascular. El profesor Burgos gozó de un gran reconocimiento en la comunidad científica de los OPIs (Universidad, CSIC, INIA, IRTA) y centros tecnológicos (AINIA, AZTI, etc.).
Diversos honores y galardones ha recibido a lo largo de su actividad profesional (p. ej., el premio de Ciencias de la Alimentación de la Fundación CEOE o la adjudicación por el Ayuntamiento de Cáceres del nombre de una calle en el entorno del campus universitario). Sin embargo, la distinción más relevante fue, sin duda, la del nombramiento Honoris Causa por la Universidad de Extremadura (29/06/1998). En la esfera socio-política, durante su época de Consejero de Educación y Cultura de Castilla y León, apoyó el desarrollo de actividades musicales, teatrales y cinematográficas, propició la recuperación y puesta en valor del dilatado patrimonio artístico de la Comunidad que culminó con la publicación del libro “El Pasado Histórico de Castilla y León” y, a iniciativa de él, se instauró el Premio de Castilla y León.
En definitiva, el Dr. Burgos ha sido un profesor con las ideas muy claras sobre lo que es la Universidad y la Ciencia que captó de su maestro el profesor López Lorenzo y de su formación en el Reino Unido y las llevó a la Universidad para sentar doctrina y lo hizo como pocos pueden hacer y no como él mismo decía en el prólogo de su memoria de oposición en 1963 “que nadie busque doctrina donde no hay más que el cumplimiento de un trámite”. Ha sido un verdadero maestro, creando una gran escuela de profesores universitarios. En fin, el profesor Burgos fue un ciudadano con una vida plena, comprometido con su tiempo que prestó servicios a la Ciencia, a la Universidad y a la Sociedad.
Mi más sentido pésame a su esposa, Maica, y a sus hijas Carmenchu y Angela, y un cariñoso recuerdo para la difunta Carmen Serrano, primera esposa del profesor Burgos y madre de ambas hijas. Un fuerte abrazo, Justino, con el respeto, amistad y cariño de siempre. Sit tibi terra levis