sábado 24/10/20
Medio Ambiente

La ‘irracional’ conservación del lobo

Mientras que al Sur del Duero la especie está protegida, al Norte, donde habita casi el 80% de la población, se permite su caza Un estudio cuestiona la eficacia de los controles poblacionales
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Imagen de un ejemplar del lobo ibérico. EDUARDO MARGARETO

La gestión del lobo ibérico sigue siendo objeto de controversia, entre partidarios y detractores de esta especie amenazada pues mientras su caza esta amparada en algunas comunidades en otras se invierten fondos y esfuerzos en su conservación.

Este animal tiene dos categorías de protección en España, amparadas en la Directiva de Hábitats: al sur del río Duero, no está permitida su caza, mientras que al norte del mismo —donde habitan entre el 70 y el 80% del total de ejemplares— estos carnívoros sí pueden ser objeto de medidas de «gestión», un eufemismo para autorizar que sean abatidos, denuncian desde las ONG.

Hace unas semanas, el Boletín Oficial de Cantabria (BOC) publicaba la resolución en la que se autorizaba cazar durante los próximos 12 meses a 34 de los 171 ejemplares que se estiman presentes en la región.

Sin base científica

Los controles no tienen en cuenta la jerarquía, sexo o edad, desestructura al grupo y crea conflictividad

La responsable del Programa de Especies de WWF, Yolanda Cortés expresa que «el lobo tiene un montón de valores sociales, ecológicos y culturales, y no debería ser cazado como cualquier otra especie cinegética».

El presidente de Lobo Marley, Luis Miguel Domínguez califica estas «matanzas» como un «despropósito», al ser el resultado de una política antigua que antepone el lobo como «trofeo de caza» antes que al lobo vivo «como gran oportunidad».

El control cinegético

Según el informe Por la convivencia del hombre y el lobo, realizado por el Voluntariado Nacional para el Censo del Lobo Ibérico, los controles poblacionales de la especie carecen de perspectiva científica y se realizan de forma «aleatoria» e «irracional».

En el estudio, explican que a la hora de llevarlos a cabo no se tiene en cuenta la jerarquía de los individuos de una manada (tampoco su sexo o edad), lo que desestructura al grupo y provoca una mayor conflictividad: si se quedan sin un «líder con experiencia», depredarán a las presas más fáciles, como el ganado.

WWF comparte esta perspectiva y defiende pasar de una gestión cinegética a una enfocada en la prevención de daños, puesto que «la ciencia no aclara que matarlos ayude a reducir estragos económicos».

Señalan que hay medidas alternativas a la caza que pueden llegar a disminuir las pérdidas económicas provocadas por este carnívoro de manera «muy significativa» como, por ejemplo, los vallados eléctricos, naves donde recluir al ganado por la noche y el empleo de perros mastines.

Favorece el ecosistema

El responsable de Conservación de Especies de Ecologistas en Acción, Miguel Ángel Hernández advierte de que el lobo, al tener la condición de superdepredador, es un elemento fundamental en el equilibrio de los ecosistemas.

«En el caso de España, un país en el que hay una gran cantidad de ungulados (ciervos, jabalís, corzos…), el lobo nos ayuda a controlar estas poblaciones y a que estén en equilibrio ecológico», afirma Hernández.

En el informe Por la convivencia del hombre y el lobo, citado anteriormente, se explica que gracias a la marcada territorialidad de los depredadores «apicales», ellos mismos se autorregulan, por lo que una superpoblación es ecológicamente imposible (son escasos por naturaleza).

Riqueza y empleo

El director del Centro del Lobo de la Sierra de la Culebra (Castilla y León), Jesús Palacios, explica a que el lobo crea empleo tanto «directo» como «indirecto» y, lo más relevante, «desestacionaliza» el turismo.

El Centro del Lobo recibe 42.000 turistas anualmente, «muchos de ellos fuera de la época de verano, por lo que muchos negocios de restauración y hospedaje de la zona siguen teniendo una potente inyección económica durante todo el año», incide Palacios.

La ‘irracional’ conservación del lobo