jueves 14.11.2019
TESTIMONIOS A PIE DE CONSULTORIO

Las mil andanzas del paciente rural

El anuncio de una reestructuración de la Atención Primaria en los pueblos pone en guardia a los vecinos, hartos de ser los primeros en soportar los recortes y de dedicar jornadas maratonianas a desplazarse para ser atendidos 
Una mujer se dispone a coger el transporte que el Ayuntamiento de Valderrey les ha puesto a los vecinos para ir al médico porque el municipio no tiene consultorio. JESÚS F. SALVADORES
Una mujer se dispone a coger el transporte que el Ayuntamiento de Valderrey les ha puesto a los vecinos para ir al médico porque el municipio no tiene consultorio. JESÚS F. SALVADORES

En León hay un centenar de municipios de menos de 500 habitantes, en los que reside de forma habitual una población que ronda las 30.000 personas, todas ellas potenciales usuarias de los denominados consultorios rurales y, por ello, susceptibles de ser la ‘clientela’ más afectada por la reestructuración del servicio de Atención Primaria rural que ha emprendido o está pensando en emprender la Consejería de Sanidad.

 

La provincia cuenta con 740 consultorios repartidos por más de 1.400 pueblos. La reordenación de estos centros es el objetivo prioritario de la Junta en su nueva planificación, con la creación de la figura del Consultorio Rural de Agrupación que, al estilo de los centros rurales agrupados del sistema educativo, concentrará en ellos la atención médica permanente para los vecinos de un número indeterminado de pueblos. Sin embargo, sin mover aún ninguna ficha de este mapa sanitario, son miles los pacientes rurales que ya se tienen que desplazar a diario a otras poblaciones para recibir consulta al carecer de atención en sus localidades.

Hay locales recién reformados y algunos incluso sin estrenar

Tras cada cartilla sanitaria existe un paciente con una problemática concreta, usuarios cuyo testimonio demuestra que ya tienen una cuando menos ‘azarosa’ relación con el sistema sanitario debido a la falta de médicos e infraestructuras en su entorno, sin que se haya puesto en marcha ninguna reestructuración. Diario de León ha recabado las peripecias de varios usuarios residentes en seis de las comarcas a las que afectará directamente la reordenación de la Consejería de Sanidad y su percepción coincide en que nada irá a mejor tras una reestructuración planeada desde los despachos de la Junta de Castilla y León.

 

Tras años sin asistencia en sus pueblos, cuyos consultorios cerraron al ir mermando el número de cartillas sanitarias dejando sin uso locales recién reformados y algunos sin estrenar, vecinos como Lorenzo y Mauricia —matrimonio de Fáfilas— se preguntan qué será de ellos cuando ya no puedan conducir para que les vea el médico en Villabraz, su ayuntamiento (donde ya sólo se pasa consulta los martes), o como Pepe y Plácido, hermanos residentes en La Riera de Babia, que acuden al consultorio de Cabrillanes, al centro de salud de San Emiliano, a rehabilitación a Benavides de Órbigo y a hacerse placas al Hospital de León, su centro asignado.

 

Enrique Pérez, de Bustos y de 83 años, se considera afortunado porque aún puede ir en bicicleta a recibir consulta a Castrillo de las Piedras y José Antonio Frías, de Valderrueda, ya se ve haciendo las maletas para emigrar, consciente de que en esta zona de la montaña «ya no dejarán nada».

 Para ir al médico toca coger el bus, que pasa cada dos horas, y cruzar a pelo los cuatro carriles de la CL-631 que une Ponferrada y Villablino

Laureantino Espeso, de Cea, está resignado a que la diálisis le suponga largas horas de viaje y espera para recibir la sesión en León, pero no se imagina de dónde más pueden ajustar para «reorganizar» la sanidad en los pueblos después de esperar años por el centro de salud ‘fantasma’ de Sahagún.

 

A seis kilómetros de Ponferrada está San Andrés de Montejos, la distancia que separa a los vecinos de este pueblo de su centro de salud. Elvira Ramos, de 70 años, pone el acento en que jamás se ha utilizado el consultorio ‘nuevo a estrenar’ que tienen en la localidad así que toca coger el bus, que pasa cada dos horas, y cruzar a pelo los cuatro carriles de la CL-631 que une Ponferrada y Villablino. Todos ellos consideran que la atención sanitaria que reciben se ve hoy en día perjudicada por la osadía de vivir en un pueblo. No quieren ser los paganos de nuevos recortes. Es más, defienden su derecho a recibir una sanidad mejor.

Plácido y Pepe Ganzo, de La Riera. MARCIANO PÉREZ

«Te llevan a  rehabilitación a Benavides y no sabes a qué hora volverás»

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■ Los vecinos de la localidad babiana de La Riera, perteneciente al municipio de Cabrillanes, no disponen de consultorio médico en el pueblo y para poder ser atendidos tienen que desplazarse hasta Cabrillanes en donde se encuentra el centro más cercano, abierto en horario de mañana, «de forma alterna, unas dos o tres horas», según explican los hermanos Plácido y Pepe Ganzo, residentes habituales de esta localidad de 33 habitantes. 

En Cabrillanes sólo ofrecen servicio para realizar analíticas los martes y cuando el consultorio no se encuentra abierto, lo que ocurre fuera del horario establecido pues no dispone de servicio de urgencias, no queda otra que desplazarse hasta el centro de salud de San Emiliano. Allí faltan muchos servicios lo que obliga a los vecinos de toda Babia a moverse a otras puntos de la provincia, algunos bastante lejanos.  

Nos ponen ambulancia para llevarnos hasta allí, pero no sabes a que hora regresarás

La situación todavía se complica más para los vecinos de la comarca de Babia si surgen otras necesidades y es que para hacer rehabilitación se tienen que desplazar hasta Benavides de Órbigo, a una hora y media por carretera si el trayecto fuera directo, que no lo suele ser.

«Normalmente nos ponen ambulancia para llevarnos hasta allí, pero no sabes a que hora regresarás», destaca Pepe, que recuerda que si lo que necesitan es alguna radiografía o algún tipo de prueba se tienen que trasladar hasta el Hospital de León, ya que es al centro sanitario al que pertenecen.

Pepe y Plácido también se quejan de que tanto el consultorio de Cabrillanes como el centro de salud de San Emiliano sólo disponen de un médico y si debe salir, «se queda vacío, dejando descubierta una posible segunda urgencia».  Por ello, reclaman que haya más de un médico y que en San Emiliano se refuercen los servicios sanitarios. 

 José Antonio Frías, de Valderrueda. JESÚS F. SALVADORES

«Gastamos 67.000 euros en arreglar el consultorio y lo cerraron»

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■  José Antonio Frías Álvarez tiene 61 años y vive en el pueblo de Valderrueda en plena montaña oriental leonesa.

Para recibir asistencia médica tienen que ir al consultorio de Puente Almuhey y cuando este no está operativo, que es el caso de los fines de semana, se tienen que trasladar al centro de salud de  Cistierna.

«Los miércoles un médico se va a Morgovejo y si el otro tienen que salir nos tenemos que trasladar a Cistierna que hay una distancia de 19  kilómetros», señala Frías, quien recuerda que hace años había un consultorio que ya está cerrado.

«Cuando yo estuve de presidente de la junta vecinal nos dieron una subvención de 67.000 euros a pagar entre el pueblo y sanidad». Unos años después el consultorio que se había arreglado fue cerrado. «Hicimos un esfuerzo económico y una inversión para nada, ya que poco después se cerró», puntualiza Frías. 

Los políticos llevan años hablando del problema de la despoblación. La primera solución es cerrar los consultorios

En Valderrueda, al igual que en muchos pueblos de la montaña, no sube ni el médico ni la enfermera y con el tiempo «no dejarán nada. Antes de diez años tendremos que marcharnos de los pueblos para Cistierna o para León. Yo aquí no me quedo ya que no tenemos ningún servicio».

El sentimiento de indignación e impotencia de José Antonio es compartido por la practica totalidad de los vecinos de los pueblos de la montaña oriental que se van quedando sin gente. «Los políticos llevan años hablando del problema de la despoblación. Ahora se ha puesto más de moda aún y la primera solución es cerrar los consultorios. Para eso no necesitamos políticos.

La solución es muy fácil y no hace falta ser ministro: empleo y más servicios», precisó Frías que todo su vida la ha pasado en el pueblo y sabe lo que es vivir en esta montaña.

Laureano Espeso Gil, de Cea. ACACIO DÍAZ

«Los viajes de la diálisis son interminables, sin control ni orden alguno»

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■  Laurentino Espeso Gil es de Cea, población de unos 170 habitantes y con consultorio que depende para la mayoría de los servicios del centro de salud de Sahagún. Paciente de diálisis, varias veces a la semana se desplaza a León para recibir el tratamiento, tras soportar horas de viaje en ambulancia y de espera por lo que considera «falta de orden y de control».

«Son recorridos interminables, que se realizan de forma incontrolada a través de varios pueblos, tan mal organizado que lo único que hacen es aumentar el sufrimiento del paciente», señala Laureantino, para quien la realidad que viven los pueblos es un «notorio y peligroso abandono».


 En su comarca conviven con uno de los incumplimientos más flagrantes de la sanidad rural leonesa, la construcción del nuevo centro de salud, un proyecto pendiente desde hace más de diez años. 


El actual está obsoleto, ya se construyó sin espacio y sin recursos, y sus usuarios soportan cada día malos olores e instalaciones deficientes. 

Está tan mal organizado que lo único que hacen es aumentar el sufrimiento del paciente

No sólo la diálisis obliga a desplazarse a los vecinos de esta comarca. También deben acudir a la capital, a 60 kilómetros de distancia, para recibir otras atenciones como hacerse radiografías o tratamientos de fisioterapia, un servicio que sí que tendrían a la puerta de casa si el nuevo centro de salud no hubiera naufragado tantas veces entre parcelas inundables y presupuestos incumplidos.


La última promesa de las autoridades sanitarias pasa porque las obras comiencen ya el próximo año. Después de que por delante de los vecinos de estos pueblos hayan pasado las inauguraciones de otras instalaciones similares en el Órbigo, en Babia o en Valencia de Don Juan.

Elvira Ramos, de San Andrés de Montejos. L. DE LA MATA

«Un kilómetro a pie para coger el bus del otro lado de la calzada»

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■  Elvira Ramos vive en San Andrés de Montejos, un pueblo de medio millar de habitantes que pertenece al Ayuntamiento de Ponferrada.

Seis kilómetros separan este núcleo rural del centro de salud que corresponde a sus vecinos, el de Pico Tuerto. Pudiera parecer una distancia corta, pero no lo es para una población en la que el 70% de los residentes tiene más de 65 años.

A mi hermana la atropelló un camión a la altura del tercer carril. Sólo le quedaba uno para llegar a la parada del autobús

El transporte público es la única opción para la mayoría de ellos y al pueblo solo llega un autobús cada dos horas. Eso les obliga a tener que cruzar los cuatro carriles de la avenida de Asturias (la CL-631 que enlaza Ponferrada y Villablino) para poder acceder a una línea de autobús con más frecuencias.


«Para poder ir al médico, tengo que recorrer más de un kilómetro desde mi casa hasta la carretera y, después, cruzar los cuatro carriles para poder llegar a la parada de autobús, porque el que viene al pueblo lo hace cada dos horas. Eso, teniendo un consultorio perfectamente acondicionado aquí», denuncia Elvira.

Y es que San Andrés de Montejos tiene consultorio, construido hace nueve años, con consulta médica, consulta de enfermería y sala de espera. Jamás se ha utilizado.

 
«Hay pueblos con menos habitantes que el nuestro que tienen médico. Nosotros pedimos que venga dos veces por semana», asegura esta vecina. Ella misma perdió a su hermana hace unos años mientras cruzaba la carretera para ir al  médico.

«La atropelló un camión a la altura del tercer carril. Solo le quedaba uno para llegar a la parada del autobús», recuerda.

«El que tenga coche, baja en coche; pero el que no qué hace. Pues tiene que bajar andando y a algunos todavía nos queda más de un kilómetro hasta llegar a casa desde que nos deja el autobús», lamenta.

Lorenzo Pellitero y Mauricia Martínez, de Fáfilas. JESÚS F. SALVADORES

«Cuando no conduzcamos, veremos dónde nos cobijamos»

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■  Lorenzo Pellitero y Mauricia Martínez son un matrimonio de 80 y 74 años que viven en la pequeña localidad de Fáfilas, pedanía del municipio de Villabraz, donde el médico dejó de pasar consulta en el año 2010.

A menos de diez kilómetros de Valencia de Don Juan, en el comienzo de la comarca de los Oteros, la zona es una de las más atacadas por la despoblación. Los pueblos llevan años desangrándose en una agonía que poco a poco los va dejando vacíos. Apenas 14 ó 15 personas viven en invierno en Fáfilas. Lorenzo y Mauricia son dos de esos resistentes.

Cuando falla la médica porque le tocó trabajar de noche, tenemos que ir a Valencia de Don Juan y, algunas veces, a Villaornate

Tienen coche y todavía conducen, lo que les da autonomía y cierta seguridad. Los que no lo hacen, por la edad u otras circunstancias, ya dejaron el pueblo. Es la forma de matar a estas pequeñas localidades del medio rural. Se quitan los servicios y la gente, ‘voluntariamente’, se va.

Así sucedió hace casi una década con el médico que acudía una vez a la semana a Fáfilas. Desde entonces lo hace los martes a la cabecera del municipio, Villabraz.

«Hasta allí tenemos que ir con nuestro coche. Y cuando falla la médica porque le tocó trabajar de noche, tenemos que ir a Valencia de Don Juan y, algunas veces, a Villaornate», que está más lejos, señalan Lorenzo y Mauricia.

«No nos parece normal». Incluso cuando el médico de entonces dejó de pasar consulta en el pueblo «un grupo de mujeres fuimos a hablar con él, algunas muy mayores, para decirle que, ya que tenía que pasar por aquí, que nos atendiera, que no le costaba ningún trabajo», dice Mauricia. Pero no sirvió de nada.

«La practicanta si siguió parando un tiempo». Pero desde hace años, nada. ¿Y qué pasará cuándo no puedan conducir? «Pues tendremos que cobijarnos donde podamos», dicen. Pura resignación; certificado de defunción del pueblo.

Enrique Pérez, de Bustos. JESÚS F. SALVADORES

«Si no tengo autobús me toca venir al médico en bicicleta»

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■  Vecino de Bustos, en el término municipal de Valderrey, Enrique Pérez es una de las personas que se beneficia del servicio de transporte que les ofrece el Ayuntamiento para poder desplazarse al médico una vez por semana —concretamente los miércoles— para ir al consultorio municipal ubicado en Castrillo de las Piedras; puesto que el consultorio de su localidad tuvo que echar el cierre hace ya varios años por contar con menos de 50 cartillas.

Viudo y sin carnet de conducir, Enrique asegura que el servicio del autobús le ha venido «muy bien» para poder recibir la atención médica cuando la necesita.

Antes estaba muy bien porque al menos venía el médico cada 15 días y te daba el suministro para esos días, pero ahora jódete

Cree que «los vecinos no podemos tener queja porque la mayoría tenemos más de 80 años y si nos lo quitan se jodió». No obstante, la situación se le antoja más complicada cualquier otro día de la semana en el que no tiene este servicio de transporte facilitado por el Ayuntamiento.

Enrique asevera que «cuando no tengo autobús me toca venir al médico en bicicleta o andando»; a lo que añade «por suerte yo todavía me encuentro bien físicamente, pero hay gente que tiene problemas y no sé cómo va a venir».

 Un viaje en bicicleta en el que Enrique tiene que recorrer unos siete kilómetros de distancia desde Bustos hasta el consultorio municipal. Sin embargo, apunta que «cuando sólo hay consulta en Barrientos o en Carral no me queda otra que tirar de taxi para aquí y para allá»; circunstancia que le sucede también cuando tiene que acudir al Centro de Salud de Astorga o al Hospital de León.

Ante esta situación, Enrique recuerda con añoranza años pasados en los que podía recibir la atención médica en su localidad: «Antes estaba muy bien porque al menos venía el médico cada 15 días y te daba el suministro para esos días, pero ahora jódete».  

Información elaborada por Vanessa Araujo, José María Campos, María Carro, Acacio Díaz, Armando Medina, Alejandro Rodríguez y Maite Rabanillo

Las mil andanzas del paciente rural