martes 17/5/22
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Rodaje de un documental sobre el mastín leonés. RAMIRO

El mastín leonés es una raza de perro guardián muy característica de la provincia de León. También conocido como mastín español y de talante tranquilo y sosegado, estos perros de gran tamaño están dispuestos a pelear duro con el lobo y a quedarse con el ganado. De ahí que el mastín sea empleado para la guarda del ganado, especialmente las ovejas, desde tiempo inmemorial con el fin de protegerlo de los depredadores de la zona. Este perro, potente y musculado, forma parte de un mercado que mueve más de un millón de euros anualmente.

Al mastín leonés le arrebataron el título de la raza, pero no su merecida fama. En 1986, Compromiso II y Tomillo de Aralla, los míticos perros de Emilio Álvarez, saltaron de la majada al podio en la exposición mundial canina de Viena. Un alemán se encaprichó con los perros y pagó un millón de pesetas por cada uno. Se fueron para siempre.

Son demandados más allá de las fronteras del viejo reino y de España pero no como animal de exposición, sino para su función milenaria: guardar los rebaños. Alemania, Francia, Estados Unidos, Rusia, Bégica, Checoslovaquia son los países de procedencia de algunos de los ganaderos que se han acercado hasta las montañas de Babia y Luna para conocer in situ a los perros que «no tienen miedo» y que a pesar de su talante tranquilo y sosegado están dispuestos a pelear duro con el lobo y a quedarse con el ganado.

Cada año se registran en los organismos oficiales más de 1.200 cachorros de mastín español. La mayoría son para exposición, no para labores de campo, según asegura José Ignacio Doadrio, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Los cachorros de mastín se venden a precios que oscilan entre los 500 y los 1.200 euros. Un perro adulto «no tiene precio», asegura Fildago. Los ganaderos se preocupan sobre todo por aspectos funcionales y «muy especialmente porque tengan buenos vientos para detectar la presencia del lobo, que muestren apego al ganado y que sean valientes, saliendo de forma ligera y ágil a defenderlo», explica.

En los aspectos morfológicos se valora principalmente que «sean grandes, cabezones, con buenas patas y fuertes», según refleja Doadrio en el estudio que realizó sobre la trasterminancia en León. Si los perros son de pequeño tamaño hay que contar con más ejemplares, lo que repercute en un incremento del coste de su alimentación y cuidados, agrega.

Los trashumantes leoneses tienen una media de siete mastines por cada hatajo de mil ovejas, aunque creen que sería suficiente con cinco. También los usan en Laciana para el pastoreo de vacas. Según el estudio que realizó el biólogo del CSIC «la muerte de perros por el lobo es pequeña y menor la de mastines que matan un lobo». En general, los ganaderos creen que los mastines de ahora son peores que los de antes, lo que el científico atribuye al abandono que se produjo al disminuir la población de lobos hasta el límite de la extinción.

La decadencia del lobo en los años 80 marcó un antes y un después en la evolución de los mastines. Se temió por la extinción de este perro y empezaron a interesarse por su cría desde sectores profesionales. De esta forma, se cedió un «patrimonio genético funcional para una selección morfológica que ha dado un tipo exagerado de dudosa funcionalidad», matiza el investigador.

Su origen está en las zonas rurales y también destacada, además de por su talante cariñoso con sus dueños, por ser buen guardián; por eso también es muy común que sea utilizado para guardar fincas. Y es que el mastín leonés es desconfiado con los desconocidos y cariñoso con los más cercanos. 

¿Qué es un mastín leonés?