miércoles. 10.08.2022
Cultura local en el sur de León

Campanas desde el Vaticano a Los Oteros

El parentesco de las campanas del Vaticano y Los Oteros. «Si no dejamos testimonio de nuestros ritos y tradiciones, algún día vendrá alguien y nos contará que la dulzaina es una derivación del txistu». Con estas palabras, José Luis Alonso Ponga, cerró su conferencia sobre Campanas, votos de Villa y ramos de ofrenda, una defensa de la cultura local y universal que atesora el sur de la provincia de León, las «tierras llanas»

«La cultura es universal pero se piensa de manera local», afirma. Ponga, nacido en la localidad leonesa de Alcuetas en una familia de labradores, realizó un recorrido por las torres de las iglesias de los Oteros y la campana de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, que, curiosamente, no tiene campanario como ejemplo de esta vinculación entre lo universal y lo local.

El profesor del departamento de Historia Antigua y Antropología de la Universidad de Valladolid animó a conservar las campanas del sur de León e incluso a crear un museo que custodie las que se sustituyan por otras nuevas con el fin de que las nuevas generaciones conozcan lo que significaron y la importancia que tuvieron para los pueblos cuando no había otros medios de comunicación.

Más allá de su significado religioso, los bronces guardan en su interior «el poder para relajar a los espíritus». Esto explica ritos que han salvaguardado las cofradías de ánimas como los toques del día de difuntos que realizaban los mozos del pueblo durante toda la noche del primer día de noviembre previo ‘pago’ con una machorra y vino. El señor Dalmacio, de Villamartín de Don Sancho, fue uno de los informantes que atestiguó que tocando las campanas, las almas en pena no andaban por las calles esa noche.

Entre 2009 y 2014, Ponga tuvo la oportunidad estudiar de cerca y con toda la documentación a su alcance la campana del Vaticano e incluso pesarla: 10.000 kilos. En el Archivo de la Basílica —Archivo Secreto hasta 1500— y en el Archivo Capitular encontró todos los testimonios de su bendición y colocación en la torre

Bronce
Aleación a la que se le otorgan poder de ahuyentar espíritus religiosos o paganos

Un rito que se hacía en todas las campanas. «Había un ritual para bendecir la colada y una bendición del obispo para su bautizo sobre la campana ya hecha». De la importancia que se le daba a estos ritos destacó que Carlomagno prohibió «aprovechar el agua del bautizo de las campanas como supuesta cura enfermedades, como la hernia en los niños».

La campana tenía también funciones civiles. «La campana marca límites: se decía que el toque de tente nube protege el campo de mi pueblo y no del de al lado». Ponga destacó los esfuerzos por recuperar el toque para proteger los campos que se realizaba en casi todos los pueblos la noche de Santa Brígida (del 31 de enero al 1 de febrero) en Fresno de la Vega. «Los renuberos amasan las piedras y después nos la echan a los barcillares y con el toque los aturden». Así es la creencia popular que Ponga recogió de boca de un vecino de Jabares de los Oteros cuando realizó el inventario de las campanas de la comarca en 1997.

A mayores del toque, que algunos chavales de Fresno de la Vega aprenden del señor Bodega y aún mantienen la noche del 31 de enero, el antropólogo animó a recuperar el traje de Santa Brígida, una manifestación propia de las mascaradas de invierno ahora que se están recuperando estas tradiciones del carnaval leonés en otras comarcas de la provincia.

Valoración social
Se hacían tres toques de campanas cuando moría un hombre y dos cuando se trataba de difunta

«Lo que me marcó lo que era lo universal y lo local», contó Ponga, fue la anécdota que oyó a un joven que contaba como algo único que «en su pueblo cuando se moría un hombre se tocaban tres veces las campanas y cuando se moría una mujer, dos». «En tu pueblo y en todos», le respondió el antropólogo leonés.

Esta diferencia en los toques era la traducción al lenguaje de las campanas de la mayor importancia que se daba al hombre en la sociedad tradicional y en la religión, que quedaba reflejaba con esta señal inequívoca.

El origen de las campanas en los campanarios y con sus usos religiosos y civiles hay que buscarlo en el siglo V y en Italia. En Los Oteros y Vega del Esla hay campanas del siglo XVIII, como las de Fáfilas y Cabañas. En las leyes del toque de las campanas del Vaticano, Ponga encontró perfectamente descrito cómo se hace el toque doble (con la mano tirando de un badajo y atado a una pierna el otro) para dar el summum. Una postura que ha visto realizar a los campaneros de Zamora. No es una postura extravagante que se le ocurra al campanero.

Veinticinco años después del inventario de campanas que realizó el investigador leonés, algunas han desaparecido (ermita de Jabares) y otras han mudado de lugar (las de Quintanilla están en Gusendos de los Oteros).

En Pajares de los Oteros encontró «las mejores», pero ya no tocan. Las de Fáfilas estaban desahaucidas y se han recuperado. En sitios como Villademor encontró los distintivos toques de Jueves Santo y Viernes Santo, días en los que las campanas enmudecen.

José Luis Alonso Ponga habló del valor que para el pueblo y el concejo tenían las campanas. En algunos documentos ha encontrado el mandato de que el concejo ayude enejar la campana una vez fundida y vuelta a poner en el campanario.

«Lo primero que hacía un obispo cuando anulaba la parroquia era quitar las campanas», comentó. «La campana y el pendón del pueblo», señaló aludiendo a la vieja tradición oral. «Escrito está que las campanas se paguen a medias, menos la del concejo, que es la de San Miguel, que es solo del pueblo», aclaró. También lamentó que con las inmatriculaciones campanas que han pagado los pueblos se queden en manos de la iglesia: «Me ha extrañado mucho que mis antepasados hayan pagado las campanas y ahora sean de la iglesia».

Del otro lado del Atlántico

José Luis Alonso Ponga instó a estudiar y reconocer algunos de los ritos que, como el Miserere de Bercianos de Aliste, en tierras zamoranas, llegó del otro lado del Atlántico a través de los misioneros que fueron a Amércica a sembrar la fe. «Tenemos una deuda. No hemos estudiado las cosas que vienen de allá para acá de religiosidad popular», puntualizó.

Unos ritos que han guardado las cofradías de Minerva, muy excepcionales en León, donde solo se han encontrado cinco, una de ellas en Fuentes de los Oteros. Otra conexión con la tradición más cercana al Varicano y al foco de difusión inicial del cristianismo. «No hay muchas fuera de Italia»,

De los votos de Villa explicó que se trata de la unión de varios pueblos que, por acuerdo del concejo, convirtieron en fiesta de guardar una determinada fecha a raíz de algún acontecimiento que tomaron como milagro o cosa extraordinaria. En esos casos no se podía trabajar ni albardar animales de carga y transporte y el concejo se obligaba a pagar la misa y a todos los que participaran en la procesión. Algunos de los más emblemáticos de la comarca son el voto de Villa de San Gregorio en Gordoncillo, un santo «protector de las mujeres y de todo lo que da vida» el de la Virgen de la Vega, que comprende a municipios de León y de Zamora y el de la ermita de San Antolín del Esla, que fue el lugar más importante dedicado a este santo del que se trajeron las reliquias aunque finalmente ha sido la diócesis de Palencia la que más reconocimiento ha dado a su San Antolín. «En los votos de Villa se ha perdido el sentido y solo quedan danzas de palos», lamentó tras señalar que «en todas partes había danzantes y si no se alquilaba la danza». En Valdesaz estaba escrito que «se junten los hermanos y aquellos que sepan danzar que dancen y si no, que ensayen. «El tamo y la danza han sido siempre nuestros», subrayó.

«Ahora hemos perdido los auténticos significados de los ritos», señaló para animar a «dejar testimonio de lo que han sido las cosas. Si no vendrá un día que nos digan que la dulzaina es evolución del txistu». Para dar ejemplo, Ponga ya se ha puesto deberes con el Corpus de Laguna de Negrillos.

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