sábado 24.08.2019

Un ‘plus’ en las relaciones sexuales

Las maletas de tres de cada cinco mujeres guardan juguetes o accesorios eróticos como lubricantes, aceites, lencería ‘picante’ y vibradores, según un estudio de Sexplace. La venta de estos artilugios en internet desplazó a los ‘sex shop’. En León pervive una única tienda que acaba de cumplir 18 años.
Juguetes sexuales en un sex shop de la capital. MARCIANO PÉREZ.
Juguetes sexuales en un sex shop de la capital. MARCIANO PÉREZ.

Lubricantes, vibradores, artículos de masaje y en menor medida pornografía son los artículos más demandados en el único sex shop que hay en León, así lo asegura el dueño de Wayup, Quilo.


«La venta de películas eróticas en tiendas físicas disminuyó cuando internet las proporcionó» de forma gratuita o a precios contra los que los pequeños comercios no podían competir. Principalmente, los demandantes del «cine x» en tiendas físicas son adultos que no saben utilizar internet.

 

El uso de los accesorios y de los juguetes eróticos está muy extendido. Así, una encuesta de Sexplace señala que 3 de cada 5 mujeres viajan con estos artilugios para favorecer el placer sexual.

 

El número de mujeres que viajan durante las vacaciones de verano con accesorios y juguetes eróticos corresponden a un 3 de 5 según la última encuesta realizada por Sexplace (www.sexplace.es).

 

De las 586 mujeres encuestadas para abordar este estudio, el 65% afirmó llevar un juguete en su equipaje para las vacaciones. De ellas un 5% asegura haber tenido que dar explicaciones o cambiarlo de lugar a la hora de viajar en avión o en tren por no cumplir las normas de límite de mililitros o de la forma del juguete.

 

Por otro lado, el análisis de Sexplace manifiesta que los productos más vendidos en julio y agosto fueron la lencería (aumenta la venta un 35% y el 69% de las encuestadas afirma llevarla en su equipaje), los lubricantes o aceites (aumenta la venta un 12% y en un 9% respectivamente; el 49% de las mujeres del estudio afirman viajar con ellos) y los vibradores de viaje de tamaño pequeño (aumenta la venta un 40% y el 40% de ellas también los llevan de vacaciones).

 

Estos datos coinciden con la demanda de productos del sex shop de León. Otro artículo estrella en palabras del empresario es el ‘teledidonic’ «un tipo de balas o huevos con mando a distancia. Ella se lo coloca y, normalmente, él lleva el mando para manejarlo. Pueden hacerlo jugando en la habitación o por la calle, van de fiesta y van jugando por el camino».

 

Los clientes de este establecimiento rondan principalmente, entre los 25 y los 40 años, aunque el dueño asegura que «viene gente desde los 18 años hasta los 90», tanto hombres como mujeres: «En cuestión de género, está muy igualado», dice.

 

Para él no existe una edad límite en el uso de estos artilugios. Asegura que es muy recomendable para todas las personas. «Los médicos aconsejan, en el caso de las mujeres en edades avanzadas, el uso de las bolas chinas para ejercitar los músculos» y evitar así las disfunciones del suelo pélvico.

 

No obstante, no cualquiera de las bolas chinas son válidas. Quilo afirma que hay dos criterios fundamentales para que su uso sea el adecuado y no causen problemas: «El peso ideal de cada momento —comenzando por las menos pesadas e ir incrementando el peso con el tiempo—y el golpeo que produce la vibración y que contribuye a la estimulación».

 

Este tipo de artilugios elaborados sin tener en cuenta la calidad de los materiales o de los componentes pueden provocar efectos contraproducentes para la salud, como reacciones alérgicas.

 

No todos los productos que «se anuncian por la televisión son buenos», asegura. Los productos de calidad deben ser «deslizantes y que no piquen», señala.

 

 

 

MITOS

 

Quilo comenta también que hay ideas erróneas, como por ejemplo que «una mujer que compra un consolador o un vibrador es porque está sola y no, estas cosas son muy buenas para emplear en pareja». El uso de estos instrumentos en las relaciones sexuales «mejoran muchísimo la relación» porque proporcionan un «plus» de placer, siempre y cuando la pareja se compenetre, añade.

 

«En algunos casos, es muy difícil complacer a la mujer o lograr que esta llegue al orgasmo, practicar sexo con los juguetes eróticos facilita mucho la situación y son muy divertidos».

 

Asimismo, se refiere a la estigmatización del uso de estos juguetes eróticos por parte del sexo femenino, mientras que en los hombres no se ve como algo negativo. «Hay muchas mujeres que no usan estos artículos en pareja o no hablan de su sexualidad porque les da pudor», señala.

 

Quilo dice que «tener la mente abierta es saber usarlas» y recomienda que «la gente que tenga pareja» se deje llevar y «utilice estos artículos».

 

Según el dueño del sexshop, uno de los problemas que ha habido siempre con el sexo es la insatisfacción, «mucha gente está insatisfecha. Si le añades este tipo de cosas, ese problema se acaba».

 

«Los juguetes eróticos no son los causantes de las rupturas sino de muchas uniones», sentencia Quilo.

 

Otro mito está relacionado con la excitación masculina. El dueño del establecimiento Wayup desmiente que la estimulación de la próstata solo resulte placentera para las personas homosexuales, sino que es una técnica muy de moda «que le gusta a la gran mayoría de los varones».

 

Tampoco existe una edad en la que el sexo ya no deba practicarse. «El sexo es muy bueno para todas las mujeres y para todos los hombres», indistintamente de su edad.

 

Quilo asegura que otra gran fábula es relacionar a los hombres mayores con mujeres jóvenes y concebirlo como algo sano.

 

«Los hombres llegan a una edad en la que no es recomendable que estén con jóvenes», señala el comerciante quien advierte que el sexo en exceso puede provocar problemas del corazón.

 

En cambio, aconseja que las mujeres estén con personas más jóvenes y que mantengan relaciones sexuales, «cuantas más mejor», puntualiza. Es muy saludable ya que «alguien joven le va a dar más ‘marcha’».

 

 

 

decadencia

 

Que esta tienda haya llegado a la mayoría de edad no ha sido fácil, sobre todo en los últimos tiempos. Quilo cuenta que la venta de estos productos en establecimientos no especializados o vía online ha repercutido en una bajada de la demanda del 60% mensualmente.

 

En términos económicos, habla de una pérdida de 22.500 euros al mes. «Antes vivíamos y ganábamos dinero, ahora solo sobrevivimos», dice.

 

Ante esta disyuntiva, los empresarios con uno o dos locales decidieron —en diciembre del año pasado— unirse en una asociación que velase por el pequeño comercio, llamada Apdinasex y crear su propia marca.

Un ‘plus’ en las relaciones sexuales