lunes. 05.12.2022
Una de las partituras y la interpretación musical

Los pueblos suenan a música. Solo hay que escuchar con atención. Así lo demuestran los niños y niñas que viven en la zona rural y asisten al Centro Rural Agrupado Ribera del Porma que interpretan los sonidos que escuchan en los trayectos desde sus casas al colegio para plasmarlos después en partituras musicales con los medios que tienen a su alcance. El proyecto impulsado por la Fundación Cerezales Antonino y Cinia tiene al frente al músico y pedagogo Luis Martínez Campo, que cuenta con la participación de la pianista y compositora Hara Alonso y la orquesta Juventudes Musicales de León, dirigida por Juan Luis García.

 

El proyecto titulado ‘Los sonidos de la escuela rural’ entra el próximo curso en su tercer año. Medio centenar de niños y niñas de Primaria han sido capaces de plasmar composiciones musicales en partituras elaboradas con los instrumentos y lenguaje que tienen a su alcance. «La idea principal de todo este proyecto es que se entienda la música sin que exista la idea de concierto», explica el artista residente Luis Martínez Campo. «Lo importante es que entiendan el imaginario cultural global de la música y que sean capaces de interpretarla con todos los cacharros que tienen a su alcance, no hacen falta instrumentos musicales».

 

El proyecto tiene una duración de tres años. En el primer año los niños y niñas participantes tuvieron como colaboradora principal a la compositora Hara Alonso, que escribió cuentos musicales para este proyecto y los alumnos recogían los sonidos que escuchaban en sus pueblos. En este último año la participación ha estado cruzada. El grupo de niños y niñas han confeccionado un mapa sonoro con herramientas habituales a su alcance, fundamentalmente su propia voz y su cuerpo, que plasmaron en una partitura gráfica. Otro grupo de participantes interpretó ese mapa con instrumentos musicales, pieza que grabaron y enviaron a la compositora Hara Alonso para que tradujera esos símbolos inventados en una partitura orquestal, interpretada después de las Juventudes Musicales en el Conservatorio de León. Un proceso supervisado y puesto en escena con el visto bueno de los niños y niñas que iniciaron todo el proceso. «En el trabajo realizado este año Hara Alonso ha hecho más de orquestadora que de compositora», destaca Luis Martínez Campo.

 

 

 

EXPERIENCIA SONORA

 

Todo el proceso es una experimentación musical y sonora que surge desde la vivencia cotidiana en el pueblo de los menores para desarrollar la creatividad, la invención y el aprendizaje básico de la música en horario que se mezcla con las matemáticas y la lengua. «La idea de la escucha es el hilo conductor continuo del proyecto. Escucha expandida, desde nosotros hacia afuera y entre ellos, que se materializa en juegos para fortalecer esa escucha porque el objetivo es, también, ser escuchado». Como Luis Martínez destaca, «a veces solamente es pararse y escuchar». Y cuando se escucha surgen los sonidos, todos los que hay en el campo, sobre todo animales y la que llega convertida en música después tras la visita a un parque. «En el parque, si no hay niños, hay silencio». Y todo queda reflejado en los cuadernos de escucha. «En ellos están apuntados los sonidos que nos gustan, que no nos gustan, sonidos que queremos grabar, reflexiones, propuestas para la asamblea… Una herramienta que nos liga a un tiempo pausado y presente, que requiere escuchar lo escrito y escribir sobre lo escuchado».

 

En los cuadernos de sonidos el invierno es silencioso, el otoño es sugerente y la primavera es tiene muchos matices diferentes. «En la primavera suena todo».

 

Cofinanciado por la Fundación Daniel & Nina Carasso tras ser seleccionado en la convocatoria Claves, el proyecto se desarrollará a lo largo de tres cursos académicos en horario lectivo e implica no solo al alumnado sino también a sus familias y al profesorado.

El sonido del pueblo se hace música
Comentarios