sábado. 28.01.2023
AENA ha adjudicado, por fin, las obras de ampliación de la pista del aeropuerto. Eso sí, después de que el proyecto llevara años en el cajón, a pesar de contar con una partida presupuestaria ya aprobada y que no se llegó a ejecutar durante todo el 2003. Que León pueda contar con un aeródromo en el que puedan aterrizar reactores es una buena noticia para los que reivindicamos que la ciudad y la provincia necesitan una infraestructura capaz de ser un referente y que sirva de impulso a sectores económicos que tienen que tener un gran peso en nuestro futuro, como es el turismo. Hace ya algunos meses, cuando planteé que, o el Aeropuerto de León tenía estas características o sería necesario replantearse la creación de otro, muchos se pusieron nerviosos. El propio ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, siguiendo su costumbre de convertir cualquier acto institucional en un mitin del PP, llegó a decir que el Ayuntamiento de León pedía un aeropuerto «galáctico». Frente a la propaganda popular, una vez más, se ha demostrado que sólo reivindicábamos algo tan normal como es una infraestructura capaz de ser un punto de llegada y no sólo de salida. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Contar con una pista de 2.100 metros es un comienzo. No se puede cerrar la puerta a que futuras ampliaciones lleven la pista hasta los tres kilómetros, distancia que sí garantiza suficientemente el aterrizaje y despegue de grandes aviones y que por lo tanto, es un objetivo que hay que tener en cuenta para que el aeropuerto responda realmente a las necesidades de León anticipándose al futuro. Por cierto, que el ministro galáctico antes citado, anunció esta posibilidad el pasado mes de julio. Parece que se olvidó después y, por supuesto, sus compañeros del PP no se lo han recordado. Claro que, para que esa nueva ampliación se lleve a cabo, es necesario salvar un obstáculo: la ronda noroeste, que de ser una realidad, impediría la expansión del aeropuerto. Afortunadamente este proyecto, no pasa de ser un estudio informativo que durmió durante años en un cajón de la anterior corporación, del que el Ministerio de Fomento nunca tuvo noticias, al menos, de forma oficial. Digo afortunadamente, no sólo por el aeropuerto, sino porque León y su área metropolitana necesitan un modelo de circunvalación de este siglo, no de hace veinte años, que cuente con las necesidades y posibilidades de los municipios del alfoz y que no se haga contra ellos. Por supuesto que ese modelo de conexiones del área metropolitana tiene que contemplar otra de las asignaturas pendientes del actual aeropuerto: sus accesos. La conexión actual, que obliga a tomar un desvío a través de La Virgen del Camino es claramente insuficiente si lo que queremos es una infraestructura de primer nivel. Definir ese modelo viario tiene que ser fruto de un diálogo entre todos los ayuntamientos del área metropolitana. La ampliación actual tiene que ir acompañada por la instalación del sistema de señalización ILS, también postergada año tras año. Parece que el Consorcio, del que forma parte el Ayuntamiento de León tiene previsto adelantar el importe de esta actuación. No dudo que el presidente de esta entidad, Juan Martínez Majo, convocará algún día al resto de integrantes del Consorcio, más aún cuando el consistorio ya ha puesto al día sus cuentas y ha solventado su deuda. Espero que lo haga porque si algo está claro es que hay mucho que debatir sobre el futuro del Aeropuerto de León. La otra opción es seguir con el ritmo actual, que sólo se agiliza cuando alguna institución alza la voz. Durante el año pasado, el Aeropuerto de León registró un notable crecimiento de número de viajeros gracias a la incorporación de los nuevos vuelos de Lagun Air. Este dato deja claro que queda mucho margen para poder crecer más. Para eso es necesaria ambición y no dejarse llevar por cierto triunfalismo electoral. Eso sí, después del Aeropuerto habrá que comenzar con Pallarés.

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