Diario de León

Hablemos de alimentación, ¡para que no nos coman!

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Quienes hayan podido leer días atrás que en el tridente universitario —León, Valladolid, Burgos— han de compartir a futuro el Grado de Gastronomía creado, y no estén avisados de cómo se las juegan en el ente centralizador que padecemos, quizá, al pronto piense: ¡Qué bien!, ¡albricias!, puede nacer la conjunción triprovincial universitaria y con ella la posible unión popular, eso sí, para esto hay que hacer abstracción de que formamos parte de una Comunidad impuesta, sin ligazón interciudadana.

Ante lo de la unión de los leoneses y de los castellanos, conviene dejar sentado que, al menos Valladolid, siempre ha estado soslayando cualquier compromiso en este sentido, desde una situación de prepotencia. Aquí, agotados, en sectores con poca potencialidad, o, sencillamente como es mi caso, desde el propio sentimiento popular de ser leonés, se viene reaccionando especialmente en Legio, denunciando las imposiciones. Ahora bien, lo que predomina es el silencio preñado de estupor, cual fatiga que es «clamor» de disgusto acumulado.

Luego está el «asentimiento» político leonés, homologable a permanente trágala, siempre camino del doloso colaboracionismo. Que no es un nadar y guardar la ropa, ¡no!, es un repetir mensajes a sabiendas de todo lo manévolo que encierran, sin tino, cual papagayo apresado.

Intercalado el recuerdo y la pulsión desconfiada, entraré en materia con la salvedad de que no tengo obsesión alguna en ver fantasmas autonómicos, sencillamente permanezco vigilante, observo el proceder de los autonomistas que tratan de dirigirnos y el estatus depauperado que padecemos los leoneses, desprotegidos, esquilmados y tocados por el dañino influjo de la impotencia.

Para los que no me conocen añado, que siempre me he movido vigilante en el campo identitario, mas, en estos momentos de angustia socioeconómica, he prestado atención a la faceta del vivir, o lo que es lo mismo a la ¡no! facilitación autonómica del bienestar social pertinente a los leoneses. Y estoy presto a denunciarlo.

Ante la noticia universitaria confieso que, al pronto me dije, he ahí una interesante operación formativa conjunta, si es que desde ella se puede ir hacia más altas cotas en el mercado del conocimiento, de la ciencia alimentaria y logramos un prestigio. Luego… a cada uno lo suyo. Mi preocupación: A nosotros nos sitúan o nos situamos; he ahí un matiz a considerar, conviene saberlo, especialmente en el curso final, el cuarto, de especialización en «Cocina de Vanguardia». Elegida, pactada o asignada???

En cuanto a los tres cursos previos, no hay duda, profesorado ULE hay, Veterinaria, nuestro mejor soporte siempre, ahora con su grado de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, doblemente en el caso que tratamos; Biología, y lo que se viene impartiendo, Grado de Nutrición y Dietética etc. Por ende sobradamente preparada, para acoger, y bien, este Grado.

León, Cocina de Vanguardia. Para la enseñanza de vanguardia ante los fogones, y las modernísimas técnicas, se ha de contar con figuras de reconocido prestigio a fin de crear «Escuela» y difundir. No pueden salir buenos profesionales de un flojo profesorado, por no disponer de presupuestos para primeras figuras, artistas de la cocina ¿Puede ser esto acometido desde el punto de vista presupuestario? ¿Hay dotación económica en consonancia?

Ante esto, el temor pasa porque los que tienen que aplicarnos el dinero correspondiente, o dicho de otra manera el que nos corresponda, detraigan cantidades en beneficio de otros, especialmente de los que practican el centralismo. Se quedan con lo suyo y un poco o un mucho con lo de los demás.

Yo, profanamente, preferiría la cocina sostenible, dado que hacia ella hay muy buenas tendencias generalistas y con futuro, y la mano ecológica ya está marcando rumbo. Aunque vaya un poco por alto todo, digo que para nuestra agricultura supondría un reto laborar en ese «campo», tomando posiciones firmes. Potencialidad hay.

Consideración final. No sé si hemos elegido «especialización» o nos la han escogido, indicado, o como me temo dirigido. El hecho de que cuente con la «bendición» de Acsucyl duplica mis temores.

A ver si somos capaces de hacernos un hueco en Cocina de Vanguardia. ¡Vamos a por ello!, teniendo presente que la ULE, motor e influjo de lo leonés, ¡¡¡es nuestra!!!

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