jueves. 02.02.2023

Supongo que muchos jóvenes cuando escuchan hoy el término Reconquista creen que consiste en ligarse dos veces a la misma o al mismo. Así nos va. Vox no ha conseguido colar que el Día de Andalucía (28 de Febrero) pase a ser el Día de la Toma de Granada (2 de enero). Menos mal. Aunque, sin duda, se trata de uno de los hitos de nuestra Historia, esta no debe ser jalonada con ánimo farruco, ni descontextualizada. Hoy no es ayer. A Ortega le resultaba incomprensible cómo se puede llamar Reconquista a un período que dura desde el siglo VIII hasta finales del XV. Tampoco hoy muchos entendemos por qué se llama crisis a algo que dura más de una década. En definitiva, ni enorgullecimientos fatuos, ni abochornarse de lo que nos honra y además nos explica. Cuánta razón tuvo lord Acton al avisar que la canonización del pasado histórico termina siendo un peligro aún mayor que la ignorancia. A la vez, resulta sorprende que la izquierda radical crea que nos habría ido mejor con Almanzor, si el turco nos hunde en Lepanto o si las tropas napoleónicas nos hubieran derrotado en Bailén, por citar tres ejemplos. Ni ir por la calle cantando «Fiel espada triunfadora», ni negar la existencia de lo heroico en nuestro pasado. Pero no hay que remontarse tan lejos, heroica fue nuestra Transición y la lucha contra ETA.

Sería una ingenuidad creer que los extremos han surgido de la nada. Hace diez años alguien como Rufián estaría doblando cine porno, pero otros muchos estaban dándole a la tarjeta black. Varias son las explicaciones a este auge de los radicalismos, entre ellas el hartazgo ciudadano de la corrupción, pero también la falta de autoritas política. Hay mucho que reconquistar en nuestra autoestima colectiva, pero sin casco.

Javier Maroto, uno de los políticos que mejor representa el centrismo moderno, declaraba ayer con ironía: «Hemos dejado el caballo y la Reconquista para el debate del café». Y este, como es costumbre, conlleva la partida. PP y Ciudadanos harán bien en no perder de vista la manga del tahúr Vox, que algo esconderá. Mientras, el Gobierno condena en Andalucía lo mismo que él ha hecho para llegar al poder y mantenerse: pactar con extremistas. Ay, mísero de mí/ ay, infelice.

La manga del tahúr
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