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Reportaje | A. calvo

Carta a García Millán

El hijo de un paseado pide una calle para los trece de Priaranza

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«Quiero recordarle que no se puede estar en contra del terrorismo y no condenar ese centenar de asesinatos; mi padre murió como Miguel Ángel Blanco, fue detenido ilegalmente y asesinado de dos disparos». Emilio Silva, de 83 años, incluye este párrafo en la carta que hace casi un mes remitió al alcalde de Villafranca del Bierzo, Agustín García Millán, para reclamarle que el municipio dedique el nombre de una calle a los trece paseados localizados en el año 2000 en una fosa en Priaranza.

Emilio Silva, es hijo de uno de esos trece hombres desenterrados ahora hace diez años al lado de una cuneta, y por este motivo «invita a reflexionar» al regidor villafranquino sobre la petición de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica para la concesión de una calle a los trece de Priaranza. Tras la petición, Agustín García Millán propuso que fueran los vecinos de Villafranca los que decidieran si el pueblo debería dedicar una calle a los paseados. Silva considera esta decisión «humillante», porque considera que nunca son los vecinos los que deciden el nombre de las calles. El alcalde aún no ha contestado a su carta.

«Es tristemente fácil imaginar lo que fue nuestra vida en un pueblo donde cien personas fueron asesinadas por sus ideas, por no apoyar a los golpistas, entre ellas el alcalde de Villafranca, Antonio Gabelas, elegido democráticamente por sus vecinos y vecinas como lo es hoy usted», explica en la misiva Emilio Silva, que con 10 años tuvo que convertirse en cabeza de familia. Ahora pide «respeto» para ese centenar de familias de Villafranca del Bierzo «a las que les amputaron un futuro y a las que les quitaron algo que nadie les puede devolver».

Acto simbólico. El hijo del uno de los trece paseados en Priaranza del Bierzo, que ahora tiene 83 años, finaliza su carta al alcalde con la siguiente alegación: «Las instituciones democráticas tienen el deber de representar su oposición a lo que atenta o atentó contra ellas. Devolverles simbólicamente una calle, a quienes tanto les fue arrebatado, no es una pulla; es un ejercicio de humanidad y de pedagogía democrática».

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