La historia del zapatero prodigioso
Los pimientos picantes y los higos dulces como el almíbar son dos de las recetas del éxito de Prada A Tope. También dos ingredientes básicos del activismo que jalona su trayectoria como emprendedor, como persona e incluso como político. A sus 65 años y desde su Palacio de Canedo, rodeado de viñedos maravilloso, nada lleva a pensar que todo comenzó a los 14, cuando tomó el timón de la diminuta zapatería que heredó de su padre en Cacabelos. A pesar de la imagen de cow-boy con sus camisas de cuadros cortadas al ras de los sobacos y las botas camperas repicando, él quizás no sabía que estaba instaurando el nuevo modelo berciano del self-made-man anglosajón.
A los 19 años creó la marca que le ha dado fama en las últimas décadas. Pero su andadura hasta la cima no ha resultado fácil. Como él mismo. Acaso por eso decidió alistarse en la Legión para cumplir con el servicio militar. De regreso a la villa del Cúa revolucionó la vieja zapatería con todo tipo de productos, tanto textiles como agroalimentarios. Y no contento con tan poca faena, optó por dar el salto a la política local. Se convirtió en el primer alcalde democrático de la villa del Cúa por la UCD y también el primero en pasar veinte días en la cárcel por enfrentarse a la autoridad administrativa para defender a unos vecinos frente a la privatización de un camino rural. En 1983 inauguró La Moncloa en Cacabelos con taller de elaboración agroalimentaria, casa de comidas y tienda. En 1997 abrió una primera tienda en el barrio Húmedo de León y un año después adquirió el palacio de Canedo.
¿Quién hubiera dicho hace medio siglo que su aventura se iba a estudiar en las escuelas de negocio? «¡Eso sería la hostia!», contestaría Prada con una de sus habituales coletillas entusiásticas. Pues lo ha logrado. Y mucho más. Inventó el carroviñas».