Mestre despliega su justicia poética
El poeta carga contra la corrupción política y quienes especulan con la riqueza natural de la comarca durante la entrega de medallas de la sociedad La Obrera

Mestre, junto al presidente de La Obrera y otros miembros de la directiva.
«Que las estrellas sean algún día para quien las trabaja». Lo dijo cuando le hicieron Hijo Predilecto del Bierzo este verano y lo repitió ayer al recibir la medalla de honor de sociedad La Obrera en Ponferrada. El poeta villafranquino Juan Carlos Mestre, Premio Nacional de Poesía en el 2009, volvió a convertir su discurso poético en «un acto de resistencia al mal» y en una denuncia de la «usura» de los «explotadores» y los «especuladores» que están acabando con la riqueza de los valles del Bierzo.
Ante un auditorio donde destacaban los socios que acababaan de recibir las medallas de la asociación centenaria, -"fundada en 1889 como sociedad de socorros mútuos en un momento en que la seguridad social era una entelequia-" Mestre reclamó «un modelo más armónico de sociedad, y por tanto más bello y más justo» porque «la tierra no está aquí para ser explotada a nuestro antojo».
Ya lo había advertido el director del Teatro Bergidum, Miguel Ángel Varela, cuando presentó al poeta. «Juan Carlos Mestre sólo se descubre ante un cerezo en flor y se calienta al calor de las llamas de la desobediencia», dijo. Y Mestre fue fiel al retrato que hizo de él su amigo de tanto tiempo y por tanto «hermano elegido». El autor de Antífona de otoño en el valle del Bierzo volvió a ofrecer su voz «al que no tiene boca» para quejarse por «la ferocidad del crecimiento» de «la ciudad» y cargar contra «los miserábles sátrapas, mercaderes de la especulación, financieros sin vergüenza» y contra «los políticos corruptos» que han traicionado los ideales de la democracia.
Y frente a todos ellos, aseguró, «nos queda la palabra» porque la poesía «es la voz sagrada de la tierra», el «acto de residencia al mal», la «casa de la verdad» de la que comenzó hablando.
Junto a un comedor social. Mestre dijo sentirse entre los de su clase, en la sede social de una asociación que lleva el nombre de La Obrera y que nació en 1889 «para llenar un vacío social que no cumplían las instituciones». La Obrera ya no cubre hoy las carencias asistenciales de los ponferradinos, aunque a pocos metros del edificio de su sede en la calle Paraisín, funciona otra vez un comedor social, como recordó el alcalde de Ponferrada, Carlos López Riesco, que también en su condición de socio no quiso faltar al acto de entrega de medallas. El alcalde recalcó que el Ayuntamiento también dispone de «mecanismos para ofrecer ayuda» a quienes han perdido su empleo y «su proyecto de vida» y que «tienen la posibilidad de no quedarse en la cuneta». Y parecía que todavía resonaran en la sala las últimas palabras del poeta; «que las estrellas sean algún día para quien las trabaja».