Fontoria, el triunfo de la vida
Esta pedanía de Fabero, donde el 40 por ciento de la población tiene más de 70 años, homenajeó a sus ocho vecinos mayores de 90 años, dos de ellos centenarios.

Siete de los homenajeados y el hijo de la octava en su representación, ayer en Fontoria.
Alejados de la creencia que vincula la vejez a la decadencia y convencidos de que es este el estado donde la sabiduría alcanza la cumbre, los vecinos de la localidad de Fontoria (Fabero) homenajearon ayer a sus mayores —a los más mayores— y lo hicieron en un acto multitudinario en el que Carmen Ramón (Carmela), Mercedes García, los hermanos Águeda, Petra y Manuel Librán; Erundina Martínez, Adela Donís y Antonia Rodríguez (representada por su hijo) recibieron una placa que conmemora sus 90 o más años de edad. Fue —según explicó el párroco Julio Falagán— una manera de «devolverles un mínimo del cariño que hemos recibido, para que estas personas sean conscientes de que son muy importantes, pues de ellos hemos recibido la cultura y los valores».
Y es que ellos son la imagen viva de «la gratuidad absoluta», explicó el párroco. Personas humildes que han dedicado su vida al trabajo en el campo y en la mina sin grandes recompensas a cambio. Vecinos que ayer consiguieron movilizar a toda la vecindad, congregados a su alrededor para celebrar el triunfo de la vida en un pueblo que algo tiene que tener para conservar tanto a sus habitantes. Falagán dispone para ello de una explicación sencilla y no es otra que «son personas que se han mantenido en el medio donde han nacido, crecido y vivido siempre». Además está, por supuesto, el componente genético de los tres hermanos homenajeados. «De hecho, sus otros hermanos ya fallecidos también se fueron siendo muy mayores», explicó el párroco.
Así, en un clima de respeto mutuo, trascurrió ayer el acto de entrega de las placas y la merienda de convivencia posterior. Los homenajeados estaban encantados de ser los protagonistas y, sentados en fila delante del templete de la orquesta, dieron las gracias y contaron sus historias, grabadas en cada uno de los surcos de su rostro. Manuel Librán recordó, por ejemplo, como antaño por Santiago las mujeres iban a Vega de Espinareda a cocer los roscones y Adela Donís, en un marco más personal, aseguró que el día más feliz que recuerda en su larga vida es el de su boda, sencilla pero inolvidable.
También Adela quiso enviar un mensaje de optimismo en medio de la incertidumbre económica y social actual, reconociendo que su generación ha pasado por peores cosas y «de todo se sale».
La iniciativa para rendir homenaje a los más mayores surgió hace semanas de la junta vecinal y de la parroquia. Ambas habían escuchado «el sentir de pueblo», explicó el párroco y decidieron sacar adelante la idea, siguiendo el ejemplo de localidades cercanas como Berlanga y Ocero. Julio Falagán adelantó también que el de ayer fue el primer acto de otros muchos semejantes. Y es que de los setenta habitantes que tiene Fontoria, unos treinta tienen más de 70 años. Por lo tanto se avecinan fiestas de Santiago Apóstol convertidas en semblanzas para dar y regalar, en homenaje a la historia de sus gentes.