A Santiago como cura del tsunami
Tres supervivientes del maremoto de Japón hacen del Camino su terapia.

Tomoko Marioka, segunda a la izquierda, junto a los tres chicos, en el centro.
«Muchos pararon su reloj en aquel momento». Las palabras que ayer pronunció la presidenta de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Japón, Tomoko Marioka, aluden a la situación que sufren muchos de los afectados por el tsunami del 2011, entre los cuales, hay tres adolescentes que ahora la acompañan de peregrinaje por la Ruta Jacobea junto a cuatro monitores.
Kaho y Yoji, de 15 años; y Yui, de 18, hicieron ayer parada en Cacabelos tras cinco días de andadura. Su salida fue el pasado día 27 desde León, el mismo lugar donde comenzó el pasado año su terapia particular de encaminar su vida por unos días lejos de la zona de la tragedia. Los tres fueron testigos de la catástrofe que provocó la ola gigante del Pacífico en la ciudad de Kesennuma, tras el paso de la cual perdieron sus casas. Para Marioka venir aquí con ellos, por tanto, supone «una oportunidad para que den un nuevo paso, algunos allí se han quedado también sin familia y no tienen nada de nada».
Suele decirse que mucha gente ha emprendido el Camino para encontrarse a sí mismos, algo que, en cierta forma, también viven los tres jóvenesjaponeses. «El tema del Camino de Santiago es eso», aseguró Marioka, «queremos que los chicos tengan una vida nueva y que busquen por su propia voluntad una manera de renacer». La responsable de la asociación añadió que ahora Kaho, Yoji y Yui disponen de tres semanas de vacaciones tras el colegio, por lo que dos de ellas las pasarán en España, o como ellos lo ven, «en otro mundo». El método no tiene ningún secreto. Conocer otra cultura, evadirse con el paisaje y compartir sus experiencias con más adolescentes son las vías de escape que ayudarán a superar la angustia causada por el maremoto.
«El calor no se lo está poniendo fácil —dijo Marioka—, hace demasiado y los chicos sólo piensan en llegar al albergue». Apenas tienen tiempo para visitar los pueblos, pero tal vez eso no sea lo más importante. Desde la catástrofe los tres chicos no han vuelto a llorar, un símbolo de respeto que esperan romper de camino a Santiago, ciudad rendida al llanto desde la semana pasada y meta en la que desahogar los disgustos y la incertidumbre presentes en esta historia de superación.