Diario de León

Los cuatro mandatos de López Gavela Momentos clave

El alcalde que tenía alergia a las inauguraciones y echó de su de spacho a un constructor

Luis del Olmo, Celso López Gavela, José Sánchez Carralero y Heliodoro Ordás. Foto sin fechar.

Luis del Olmo, Celso López Gavela, José Sánchez Carralero y Heliodoro Ordás. Foto sin fechar.

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Cuando acabaron las fiestas de la Encina de 1980, Celso López Gavela, que apenas llevaba un año en la alcaldía, perdió una moción de censura. La legislación le salvó el cargo, porque entonces no eran vinculantes, pero aquel mal trago no lo ha olvidado el ex alcalde 18 años después de dejar la política.

No fue el único. López Gavela, alcalde de Ponferrada entre 1979 y 1995, se enfrentó a otros tragos difíciles de digerir en una ciudad donde el urbanismo era un caos, el saneamiento deficiente, faltaban zonas verdes y por no haber, no había ni siquiera una biblioteca municipal. Empieza a ser una leyenda el momento en que invitó a salir de su despacho al constructor José Martínez Núñez, que levantaba en zona no urbanizable las Torres Marpa y buscaba la forma de legalizarlas. El constructor perdió el pleito impulsado por el abogado José Álvarez de Paz, pero pudieron más los hechos consumados. Las torres ya tenían inquilinos cuando se conoció la sentencia.

López Gavela, que siempre mantuvo «un aura de honestidad y honradez», escribía el corresponsal de Diario de León en una entrevista de 1983, se esforzó por poner orden en el urbanismo de la ciudad abriendo la puerta a los derribos de construcciones ilegales. «Que el ciudadano vea que no le compensa infringir la ley», decía.

Bajo su mandato, la ciudad creció en el Polígono de las Huertas, donde se trazó el puente que ahora llevará su nombre, pero nunca inauguró, negoció una gran zona verde con la MSP en el parque del Temple, construyó la Casa de la Cultura, que tanta satisfacción le dio como lector, buscó fondos para el nuevo Teatro Bergidum y el futuro Museo del Bierzo. También le hubiera gustado retirar la montaña del carbón, y se afanó para evitar que siguieran los vertidos, o dejar resuelta la expansión urbana en lo que hoy es el barrio de La Rosaleda.

Las urnas le concedieron mayoría absoluta a partir de 1983 y gobernó otra vez gracias a los pactos en su último mandato. Cuando abandonó la política en octubre de 1996, hasta sus rivales hablaron bien de él. «El día que deje la política, tendré que volver a mi profesión de abogado o a vivir de mi jubilación. Esa es la única realidad y ningún comentario malicioso puede cambiarla», decía tres años antes. Y hoy sabe que nadie puede reprocharle lo contrario.

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