Agustín Jiménez monologuista de la paramond comedy, hoy en el bergidum
«En mis recuerdos de la comarca figura también el hospital»

Jiménez y Txabi Franquesa en el cartel de Una boda feliz.
A Agustín Jiménez se le conoce sobre todo por sus monólogos de el Club de la Comedia, concretamente, el es el Macho Español del humor, imagen que dice no tener nada que ver con el pero que durante años le ha propiciado solo papeles de macarra. Cliché del que consiguió salir con muy buenas críticas con la comedia francesa La cena de los idiotas y hoy llega al Bergidum con Una boda feliz.
—¿Hoy no hará ud. ni de macarra ni de idiota, en qué se convertirá en el teatro Bergidum?
—En escombro humano (risas). Soy Lolo, un pobre hombre que vive todavía con sus padres y que no ha triunfado nunca. Da mucha pena pero es muy cómico y cae muy bien a la gente.
—¿Qué se van a encontrar los ponferradinos en Una boda feliz?
—Es el típico vodevil. Mucha gente habla de vodevil, pero pocos han visto realmente lo que es. Cuando está bien hecho es tan digno como el resto de los géneros. Es comedia en estado puro, el tema es universal. Un hombre que hereda una fortuna a condición de que se case y deje su vida de mujeriego. Por lo que plantea un matrimonio de conveniencia... en este caso gay.
—¿Se casaría con su mejor amigo por dinero?
—No lo creo, no me aguantaría j(risas).
—¿Cómo preparo ud. este personaje?
—Es como un juego de magia, yo utilizo una técnica muy británica, creo el personaje como un mosaico partir de retrazos de mi propia experiencia, personas que has conocido y cosas que has visto. Hacer creer al público que hay un personaje de verdad es uno de los trabajos más bonitos. Yo diría que el actor es el último artesano.
—¿Qué aconsejaría a un aprendiz de actor?
—Mucha cultura. La gente dice que es suerte y talento. Yo creo que es trabajo debe prepararse en danza, música, mímica, si toca tres instrumentos mejor que uno, formarse en todo. Y además que lea, que lea infinitamente. En España parece ser que ser actor es un capricho y si tu hijo lo elige es un tarambana. Sin embargo en el extranjero la risa es una cosa muy seria. Como el teatro que forma parte del folclore y cultura del país.
—¿Y una cosa que no debería hacer un monologuista?
—Ser puede ser gracioso pero lo que no puedes es hacerte el gracioso.
—¿Ha estado alguna vez por tierras bercianas?
—Pues sí, estuve hace muchos años y lo guardo con mucho cariño. Fue haciendo el Camino de Santiago con mis amigos y me acuerdo que tuve una fuerte contractura muscular, y conocía también el hospital. Un audi se ofreció ha llevarme. Nos quedamos muy sorprendidos porque, ahora ya no, pero antes un audi no era cualquier cosa, era un cochazo y no se veía todos los días. Recuerdo la hospitalidad de la gente y también que nos hacían descuentos en los pubs. Había mucha fiesta por allí.