SANIDAD
La nueva vida del Hospital de la Reina
El centro, premiado como mejor hospital privado de Castilla y León, potenciará su unidad de paliativos

Personal del Hospital de Reina, en una de las unidades de análisis del centro sanitario
«Fue una corazonada. Una iluminación del cielo. Una huida hacia delante», afirma el administrador de la Fundación del Hospital de la Reina, el también rector de la Basílica de La Encina de Ponferrada, Antolín de Cela, cuando recuerda el momento en que tomó la decisión de remodelar el antiguo centro asistencial fundado por los Reyes Católicos hace cinco siglos y que había pasado de ser la única institución donde se operaba «a corazón abierto» en el Bierzo a quedarse obsoleto a finales de los años noventa. «Había que cerrarlo o había que tirar para adelante. Aquel hospital era entrañable, pero no reunía las condiciones», añade.
Quince años después y con una inversión de 13 millones de euros de por medio que todavía se está pagando, el Hospital de la Reina se ha consolidado como el mejor centro sanitario privado de Castilla y León —así lo acaba de reconocer la sociedad Sanitaria 2000 que convoca los Premios a la Sanidad de la autonomía— y afronta el futuro con la intención de potenciar su unidad de cuidados paliativos, quizá el departamento que mejor define al centro, y mantenerse entre las instituciones con mejores medios diagnósticos. «Aquí tenemos todas las especialidades que el Hospital del Bierzo no tiene; Angiología y Cirugía Vascular, Cirugía Maxilofacial y Circugía Plástica y Reparadora», cuenta de Cela. Y lo hace sin perder la señas de identidad con las que nació a la vera del Camino de Santiago, como es la asistencia gratuita a los peregrinos. «Le auguro un gran futuro», dice su administrador.
No siempre fue así. A mediados de los años noventa, el Hospital de la Reina «se quedó un poco obsoleto con el desarrollo de la cirugía y la nueva hospitalización, a pesar de su gran hacer social con los enfermos crónicos y la gente sin medios». La Fundación del hospital, —que tiene como presidente honorario al alcalde de turno de Ponferrada y al rector de La Encina como administrador y rinde cuentas anualmente al Protectorado de Fundaciones, que audita e inspecciona la gestión— optó por pedir un crédito a la entonces Caja España y renovarse sin ningún tipo de ayuda pública. La Fundación vendió algunas fincas y «como el crédito fluía», cuenta De Cela, acometieron las obras de construcción del nuevo hospital en dos fases para que el centro siguiera abierto. Hoy hubiera resultado una tarea imposible. «Éramos una entidad pobre que pide un crédito y te lo dan porque creen en tí», rememora el administrador.
La primera fase de las obras acabó el 1 de mayo de 1999, la segunda en noviembre del 2000, y con la competencia de la nueva Clínica de Ponferrada, nacida en el intervalo de la reforma, y el traslado del hospital público Camino de Santiago a Fuentesnuevas y reconvertido en el más moderno Hospital del Bierzo, el Hospital de la Reina entró en el nuevo siglo con más dudas sobre su función. «Teníamos que buscar nuestro sitio», dice De Cela.
155 trabajadores
Y lo encontraron. «Ha sido el esfuerzo de los trabajadores —155, incluyendo a 40 médicos externos y diez auxiliares— y la implantación del sistema de calidad, cumpliendo con todas las acreditaciones, lo que nos ha llevado a este premio», cuenta el gerente del centro, Félix Rapún. Hoy, el centro no sólo ofrece especialidades de las que no dispone el Hospital del Bierzo y medios diagnósticos como el TAC o la resonancia magnética y se financia con un presupuesto de más de cinco millones de euros al año. También, insiste De Cela, es un apoyo para la sanidad pública a través de los conciertos con el Sacyl. Rapún y De Cela niegan que la sanidad privada se esté comiendo a la pública. «Todo lo contrario, esa discusión no tiene ningún sentido», dice el gerente. Y el administrador le refuerza. Una estancia concertada de un paciente en el Hospital de la Reina «sale la mitad más barata para el erario público» que en un centro público, afirma. «Al españolito le cuesta mucho menos y aquí no nos enriquecemos, no tenemos accionistas con los que repartir dividendos», sentencia.
La gestión no es fácil. «La gente cree que a nosotros nos paga el Estado, como a la pública. Pero si no tenemos caja, no pagamos al personal. Y si el Sacyl paga tarde, tenemos que pedir un préstamo al banco y pagar los interés. Al final, casi estamos financiado al Sacyl», explica De Cela. El hospital, en cualquier caso, sigue poniendo por delante su función social. «Tenemos una unidad de paliativos que no queremos perder nunca». Acompañar a un enfermo que llega «con el horizonte de su vida recortado» es lo que más satisfacción le produce al administrador del Hospital.