LAS CONSECUENCIAS DEL FUEGO
Noche de insomnio y nervios en los pueblos de Ocero y el Espino
La apacible tarde de domingo se convirtió en una pesadilla

Vecinos concentrados en la plaza de Ocero en la madrugada del lunes
Los vecinos de la zona apenas durmieron. Las llamas creaban un espectáculo de ruina y amenazantes parecían abrir la boca para comerse algún pueblo. En localidades como El Espino —muy conocido por sus ferias y buen pulpo— o Espinareda de Vega fue donde más mal lo pasaron.
Sus habitantes sufrieron insomnio y la apacible tarde de domingo se convirtió en poco menos que una pesadilla. «Lo pasamos muy mal, había miedo, y ya sabes, el miedo es libre; aquí las llamas corrían por el monte arriba como una liebre», metaforizaba un vecino, quien al preguntarle su nombre ofrecía una respuesta no menos sorprendente: «No me saques en la foto que luego van y me detienen». Y estaba claro que no era precisamente el pirómano, pero hay miedo.
En el pueblo de Ocero (Sancedo) pasaron toda la noche cruzando los dedos para que el incendio no llegase a la imponente riqueza forestal que jalona sus valles. De hacerlo sabían que se jugaban mucho. Ya no sólo la corta anual de pinos, que da buenos beneficios. También desaparecería la cosecha micológica, de gran valor, así como la riqueza animal que tiene en estos parajes su paraíso.
En Ocero, en El Espino, en Espinareda e incluso en Vega de Espinareda, los vecinos pasaron buena parte de la noche en la calle. Había corrillos y en algunos se maldecía a la persona o personas que incendiaron el monte, poniendo en peligro riqueza natural y humana.
El alcalde de Vega de Espinareda, Santiago Rodríguez, no se mordía la lengua y tachaba de «acto criminal» lo sucedido. El operativo bajó a nivel 1 y se desmovilizó a la UME.