Diario de León

El teatro municipal cumple 20 años

El Bergidum echa raíces

Más de 750.000 espectadores se han sentado en las 674 butacas del Teatro Bergidum para asistir a alguna de las 2.500 funciones programadas desde la reinauguración de la sala en 1996.

La fachada original del Teatro Bergidum en la calle Ancha antes de su remodelación. L. DE LA MATA

La fachada original del Teatro Bergidum en la calle Ancha antes de su remodelación. L. DE LA MATA

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CARLOS FIDALGO | PONFERRADA

La firma del cantautor Amancio Prada, que hace 20 años ofreció el concierto inaugural del nuevo Teatro Bergidum, será la primera que adorne hoy la acera de la calle Ancha donde dejarán su huella los principales artistas que actúen en la sala municipal. Pero antes de que eso ocurra, se puede escribir que el Bergidum, con más de 750.000 espectadores y 2.500 funciones programadas, ha conseguido echar raíces en Ponferrada. Lo que en 1996 la prensa local calificaba como «el buque insignia» de la política cultural del Ayuntamiento ha llegado a puerto.

La semilla la puso en 1991 el entonces alcalde Celso López Gavela, cuando, a través de una permuta, el Ayuntamiento se hizo con la propiedad del antiguo teatro-cinematógrafo Bergidum, un edificio estrenado en 1946 y que permanecía cerrado desde 1989. Cuatro años de obras y una inversión de más de cuatrocientos millones de las antiguas pesetas hicieron realidad la reforma diseñada por el arquitecto Andrés Lozano, que respetó las líneas sencillas de la fachada original de Javier Sanz, elevada a más altura con revestimiento de granito, y deslumbró a los ponferradinos con un interior donde no faltaban las escalinatas de mármol, caoba y nogal blanco, el ébano, 674 butacas de terciopelo rojo, seis palcos, siete camerinos y la antigua lámpara que colgaba del viejo Bergidum.

Y lustre a la inauguración el 1 de octubre de 1996 —además de la voz de Amancio Prada interpretando las Canciones de amor y celda, sobre textos del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, la Antífona de Otoño de Juan Carlos Mestre, y el Adiós ríos, adiós fontes de Rosalía de Castro— le dio la presencia de la reina Sofía, la primera consorte que pisaba la ciudad en trescientos años. Más de cinco mil personas, decían las crónicas, recibieron en las calles del casco antiguo y a la puerta del teatro a la hoy reina emérita. Aquella noche, Prada pidió que el teatro se convirtiera en un exponente de la cultura que tuviera «a la gente que vive y trabaja para el Bierzo» como protagonistas. Setecientos sesenta y seis mil espectadores después, esa es la cifra exacta, su deseo se ha cumplido.

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