Diario de León

Dulcinia, Rosalía y los otros lavaderos de la presa de Quilós

El Ayuntamiento de Cacabelos estudia la forma de poner en valor la red de piletas para lavar ropa, algunas con más de un siglo, que se construyeron para aprovechar el agua de la acequia de riego que atraviesa el pueblo

Imagen antigua de mujeres lavando en el lavadero comunitario de Quilós.

Imagen antigua de mujeres lavando en el lavadero comunitario de Quilós.CORTESÍA DE SAMUEL NÚÑEZ Y ESTEFANÍA NIETO

Ponferrada

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Dulcinia, Diolinda, Olguita, Pili, Úrsula, Lidia, Xina, Chelo, Emiliana, Elsa, Rosalía e Isolina son nombres de mujer y también de lavaderos. Como Fernando, Lin y Juan, que por ser hombres solteros tenían el suyo propio en el pueblo de Quilós. Esta localidad perteneciente al municipio de Cacabelos todavía conserva hoy más de medio centenar de lavaderos particulares (llegó a haber más de 80), algunos con un siglo de antigüedad, que fueron habilitados por sus vecinos aprovechando la acequia de riego que se construyó en los primeros años de la década de 1920, en la avenida Santos Cascallana, para resolver la distancia que separaba las huertas del río Cúa.

Cada finca tenía su lavadero y aunque con el paso del tiempo se edificó donde en aquellos inicios no había casas, la práctica totalidad de las nuevas viviendas respetaron las construcciones y junto a los lavaderos más antiguos conformados por dos losas —una para frotar la ropa y la otra para sujetar las rodillas— los hay con puerta de acceso, cerrados y hasta con tendejón para librar la lluvia. Son parte del patrimonio popular o etnográfico de Cacabelos y, por eso, el Ayuntamiento estudia ahora alguna acción para ponerlos en valor.

Uno de los lavaderos más antiguos.

Uno de los lavaderos más antiguos.CORTESÍA DE SAMUEL NÚÑEZ Y ESTEFANÍA NIETO

La realización de un documental que fue presentado el Día Internacional de la Mujer ha servido de base para reivindicar los lavaderos de Quilós como elementos casi únicos de este pueblo y la primera medida valorada por el equipo de gobierno local es la instalación de placas con los nombres (todos, salvo tres, de mujeres) de cada uno de ellos, ha asegurado la alcaldesa, Irene González.

Detrás de esa producción audiovisual descubierta el pasado 8 de marzo están Estefanía Nieto y Samuel Núñez. Ella, de Quilós; él, de Cacabelos y los dos enfocados en redescubrir y hacer descubrir la historia del municipio. Los lavaderos de Quilós son, para ambos, un patrimonio de valor indiscutible.

Algunos lavaderos han sido arreglados.

Algunos lavaderos han sido arreglados.CORTESÍA DE SAMUEL NÚÑEZ Y ESTEFANÍA NIETO

Hasta los años 70 del siglo pasado había en este pueblo del Bierzo central un lavadero comunitario que se eliminó con las obras de arreglo de la plaza de la Fuente, donde está el centro cívico. Hasta allí, como en la gran mayoría de los pueblos, acudían las mujeres mientras no hubo lavadora —barreño de latón en mano— para quitar el negro a la ropa frotando con el jabón de sebo que ellas mismas hacían en casa. Podían lavar en la plaza o hacerlo en alguno de esos lavaderos particulares construidos a lo largo del kilómetro de acequia que discurría por el pueblo. Tenían nombre particular pero todas podían hacer uso de ellos de manera indistinta y eso es lo que más llamó la atención de Samuel Núñez.

«Las mujeres compartían los lavaderos aunque estuvieran en terrenos particulares. Las del barrio de arriba bajaban la ropa en una carretilla o en un balde y buscaban el que estuviera libre», relata el coautor del documental que pone en valor estas construcciones separadas entre sí por una distancia de entre diez y quince metros. Los hay pequeños, de unos 60 o 70 centímetros; pero también de hasta dos y tres metros. «Lo más habitual es un metro ochenta», explica Núñez. El grado de conservación también es distinto y mientras que algunos resisten a duras penas, los hay en perfectas condiciones y todavía hoy se usan, aunque no para lavar la ropa porque aquello quedó prohibido.

Hay lavaderos con tendejón.

Hay lavaderos con tendejón.CORTESÍA DE SAMUEL NÚÑEZ Y ESTEFANÍA NIETO

Además de ponerle a cada uno su nombre para que no solo los locales sepan identificarlos, Núñez y Nieto proponen la creación de un itinerario interpretativo, un recorrido para explicar la historia de los lavaderos de Quilós. Ya lo han hecho, de hecho, con algún grupo de escolares. «Junto a la acequia discurre un camino de un metro veinte de ancho que se puede recorrer a pie o en bicicleta. Es un itinerario muy bonito, sobre todo el tramo que discurre dentro del pueblo», asegura Samuel Núñez.

Desde la avenida Santos Cascallana hasta lo que se conoce como la Fonteliña, la acequia de riego que alimenta de agua a los lavaderos de Quilós discurre por el Chao de la Cruz y la Vega. Todos cuentan la historia de un pueblo y de sus mujeres, que se agolpaban a la orilla de la presa después de acabar las otras labores diarias en casa y en las tierras. Y ahí echaban el rato entre el esfuerzo por sacar lo sucio que resistía y las confidencias que contaban, porque los lavaderos eran también lugares de encuentro y tenían su función social hasta que las irrupción de las máquinas cambió las costumbres.

Una de las mujeres lavando ropa en la acequia de Quilós.

Una de las mujeres lavando ropa en la acequia de Quilós.CORTESÍA DE SAMUEL NÚÑEZ Y ESTEFANÍA NIETO

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