Adiós al gran Cacha, un periodista único
Manuel Carlos Cachafeiro es definido por sus compañeros como el coleccionista de las mejores historias, un gran amigo

Manuel Carlos Cachafeiro.
Era un tipo único. Especial. Excepcional. En su vida personal y en la periodística. De una grandeza enorme. Como amigo y como periodista. Sereno, tranquilo -quizá en exceso para quienes vivimos con la impaciencia-, cariñoso. Poco dado a aspavientos. Y también hermético. Mucho. Pasear con él, con Cacha, con Manuel Carlos Cachafeiro, por la ciudad o de ruta por las montañas, por el Rastro o los mercadillos de viejo era una delicia. Su conversación era como él, diferente. Te acercaba a puntos de vista que no habrías imaginado nunca. Era resistente, quizá porque su familia estuvo ligada a la mina de siempre, forjada en la dureza de la vida y del tajo. Picadores, barrenistas, gente de galerías, de vida laboral en el subsuelo, arrancando a las entrañas de la tierra una riqueza que transformó el valle, su valle, La Robla, La Pola de Gordón, y lo cambió para siempre.
Conocía bien esa vida. Y mil historias sobre los héroes de las galerías. Le dolía cada muerte, cada cierre, cada reconversión sin esperanzas.
Tenía mil pasiones. Sus dos hijos, Isaac y Cayetana -qué orgulloso estaría hoy de ella, de él-, el recuerdo de su padre, al que le hubiera gustado cantar ‘Santa Bárbara bendita’ en su funeral, y la dedicación por su madre, Amparo, a la que cuidaba y con la que vivía. Y después, estaba el periodismo. Al que dedicó toda su vida desde que comenzó, siendo un chaval, como corresponsal en La Robla junto a su gran amigo, Barrio Planillo. Los toros, su otra gran pasión, en León, en el sur o en Francia, un gran cronista. La pintura, que ejercía con maestría y gran belleza, un mundo en el que también fue reconocido. Y el coleccionismo, de antigüedades, de piezas únicas, de la vida de otros. Era experto en rastrear temas únicos y en contárnoslos a todos sus lectores desde las páginas del Diario de León. Posaba su mirada donde nadie lo hacía. Tenía esa capacidad de ser, ahí también, excepcional, único, diferente.
Redactor incansable, ha recibido multitud de premios, entre ellos el Cossío al mejor reportaje de la Comunidad, y es autor de tres libros. Será difícil estar en Semana Santa sin él, no coincidir en San Marcelo ante el Cristo de los Balderas, en el silencio roto por la ‘Madrugá’ de las Siete Palabras, la cofradía de su hijo, o tomando un chato en San Isidoro, su barrio de adopción.
Ha sido un gran defensor del Bierzo, su segunda patria periodística. Un enamorado de sus paisajes y de su gente. Conocía bien este territorio en el que, finalmente, ha encontrado la muerte.
Manuel Carlos Cachafeiro ha muerto esta mañana. A cinco minutos de la Redacción del Diario de León en Ponferrada. Su corazón inmenso, generoso y cálido, ha dejado de latir en mitad de la calle. En la plaza MSP, como si la vida y la muerte quisieran cerrar para él un círculo. En su auxilio acudieron los médicos y también sus compañeros. Una carrera apresurada contra el tiempo, contra lo inevitable. No hubo nada que hacer.
El silencio se ha extendido en el periódico. Ese silencio espeso de la conmoción y el desgarro íntimo que dejan los grandes cuando se van, los compañeros, ese silencio que permite escuchar el ruido de los teclados porque mañana, porque ahora mismo hay que sacar adelante un periódico. Duele escribir de esto. Duele imaginar esta separación. Para siempre. Duele decir adiós a un periodista excepcional. Y a un gran amigo. Que la tierra te sea leve. Que tengas buen viaje. Al Cielo. A las estrellas. Formas parte de ellas. Adiós, Cacha querido.