Una profesora berciana de Historia se convierte en embajadora de Canva
Sandra Laguna trabaja en el instituto Bergidum Flavium de Cacabelos y ha impulsado el uso en las aulas de la aplicación

Sandra Laguna, en el centro, actúa como ponente en un acto organizado por Canva.
Sandra Laguna Santos es profesora de Historia de Educación Secundaria y Bachillerato y jefa de estudios del IES Bergidum Flavium de Cacabelos. Pero Sandra es mucho más que una docente berciana cualquiera. Lleva ya años trabajando con sus alumnos con una metodología innovadora. Y eso se ha visto reflejado recientemente, con la empresa Canva (plataforma de diseño gráfico que crea contenido visual para presentaciones) escogiéndola como una de sus embajadoras dentro del ámbito educativo. Ha sido la única docente de secundaria en toda la provincia elegida para tal puesto. Además, este año también publicó su primer libro: Pequeñas historias para trabajar la historia.
Aunque el comienzo de esta historia no tenía por qué hacer presagiar la posición a la que ha llegado. Cuando Sandra decidió estudiar Historia del Arte, ella lo que quería era ser egiptóloga. Pero al final, «la docencia estaba como latente y me animé con ella. Pienso que haber estudiado esa carrera y haber hecho en su momento el bachillerato artístico me ha facilitado el buen uso de herramientas educativas más visuales como puede ser Canva. Me resulta más sencillo crear, tener la idea, pero al final Canva es accesible para todo el mundo, que tiene multitud de plantillas con las que trabajar. En cualquier caso, como en muchos aspectos de la vida, todo es practicar».
Para Sandra, haber sido escogida como embajadora de Canva, lo que le permite «es tener las novedades antes que los demás y poder dar mi opinión sobre ellas. Me dan las betas para que las ponga a prueba. También es el formar parte de una comunidad de profesores a nivel nacional con las mismas inquietudes que yo y la posibilidad de aprender unos de otros».
Sandra afirma que «Canva ha evolucionado mucho en los últimos años, siendo más sencillo e intuitivo. A los alumnos de Bachillerato también les pido que lo usen, el año pasado por ejemplo para Historia del Arte, les permite insertar imágenes en los conceptos, no solo la definición. Pienso que la visualización ayuda. También creo juegos con distintos aspectos, no es gamificación como tal, sino otra manera de estudiar más visual. Y me da buenos resultados».
Considera que la alianza de los docentes para unir saberes y avanzar en la misma línea en innovación puede ser muy útil para los alumnos
«Instagram es otra plataforma que he llegado a usar con los alumnos. Como ahora están tan de moda los retos, yo les doy una vuelta y creo retos educativos. He conseguido una gran participación de los alumnos. A la hora de trasladar esto a la programación no le doy demasiadas vueltas, poniéndolo como actividades. Lo que sí que hago es mandar a principio de curso un aviso a los padres, para que sepan que la aplicación se va a utilizar con fines educativos. En general he tenido respuestas positivas. Son las nuevas herramientas adaptadas a la educación», informa la profesora.
Sandra se decidió a escribir su libro, bajo el título Pequeñas historias para trabajar la historia, «porque la editorial (Grupo Sar Alejandría) contactó conmigo. Está muy centrado en recursos útiles para el docente, para que los alumnos creen pequeñas historias en formato cómic. Al final, ellos para poder realizarlo tienen que entender la temática. A través de mi Instagram profesional (@trabajosdecienciasssociales, con casi 7.000 seguidores) estoy recibiendo muy buena retroalimentación. Ahí también comparto periódicamente fichas que pueden usar otros profesores. Me hizo mucha ilusión una que me contactó desde Argentina enviándome un vídeo donde sus alumnos las utilizaban».
La pobreza tecnológica (falta de medios por parte de algunos alumnos) es algo que Sandra se ha encontrado en su clases. «Por suerte tenemos un programa en los centros para prestar portátiles a quienes los necesiten y que no estén en desventaja con sus compañeros. Una dificultad añadida es, que a veces algunos padres, aunque sus hijos lo requieran, no llevan a cabo el proceso para solicitarlo».

Sandra Laguna firma un ejemplar de su libro.