La banda berciana Mazu deja atrás sus versiones y pone rumbo al Festival Sonorama
Actuarán el próximo sábado al mediodía en la Plaza de la Sal de Aranda de Duero

El grupo Mazu
A lo loco. Y funcionó. Así pasó Mazu de ser una banda formada por cuatro jóvenes bercianos que recorrían pequeños escenarios versionando canciones de Amaral o La Oreja de Van Gogh a a escribir sus propias canciones y abrirse camino hasta el Festival Sonorama.
La historia del grupo empezó con una guitarra, una chica que solo quería cantar y un nombre artístico que, sin saberlo, acabaría dando nombre a una banda entera. Marta fue la primera en dar el paso y, bajo el nombre de Mazu, empezó a actuar en solitario interpretando versiones de algunos de los grupos con los que había crecido. Poco a poco fueron llegando los demás.
El primero fue Jorge, amigo de Marta desde hacía años, que empezó a acompañarla con la guitarra. Después se incorporó Mario y, finalmente, Isidro completó la formación. Sin buscarlo demasiado, aquel proyecto personal terminó convirtiéndose en una banda.
En esta primera etapa no existían todavía las canciones propias. Lo suyo eran las versiones. Amaral, La Oreja de Van Gogh, Maná, Extremoduro y otros grupos formaban parte de un repertorio que fue creciendo al mismo ritmo que los conciertos. Tocaban donde podían, sin pensar demasiado en el siguiente paso. Un bar, una fiesta o cualquier escenario era suficiente para seguir disfrutando de la música.
Si hay una canción que resume aquellos años es «Moriría por vos», de Amaral. «Creo que es la canción que más he tocado en mi vida», reconoce Marta entre risas. La llevan interpretando desde el primer ensayo y, todavía hoy, sigue siendo uno de los temas que más asocian con sus comienzos.
Aquellos conciertos les dieron tablas y les hicieron ser amigos. «Hasta que no nos hicimos amigos de verdad no nos entró el gusanillo de hacer nuestras propias canciones», explica Mario. «Tocar con tus colegas tiene algo muy especial.» Ese fue el auténtico punto de inflexión. Hasta entonces disfrutaban interpretando historias escritas por otros pero a partir de ese momento empezaron a preguntarse cuáles eran las suyas.
Mientras tanto, Marta seguía componiendo en casa. Lo hacía desde mucho antes de crear la banda, pero aquellas canciones rara vez salían de su habitación y «la mayoría acababan tirabas a la basura», reconoce. Solo una consiguió escapar y un día decidió enseñársela al resto de la banda.
Jorge, Mario e Isi comenzaron a aportar ideas, cambiaron la estructura, añadieron arreglos y terminaron convirtiendo aquella maqueta en una gran canción. Recuardan que la terminaron en el salón de la abuela de Mario, un momento que todavía tienen muy presente. «Nos tiramos al suelo porque estábamos alucinando. No nos creíamos que hubiéramos sido capaces de hacer una canción que nos gustara tanto», cuentan.
Fue entonces cuando apareció la idea de grabar un disco, lo que cambiaría definitivamente el rumbo del grupo. La propuesta, en aquel momento, les parecía una locura, algo demasiado grande para el punto en el que se encontraban. Hoy lo resumen con una frase sencilla: «Fue una calentada». Una de esas decisiones impulsivas que, contra todo pronóstico, acaban marcando un camino. Porque si habían sido capaces de crear una canción que les emocionaba, podían escribir más. Así nació Me intoxiqué, un EP de cinco canciones que marcó el paso definitivo de la banda de las versiones a un repertorio propio y a una identidad como banda.
Eso no significa que hayan renunciado a sus orígenes. Todavía mantienen un proyecto de versiones para actuaciones privadas y algunos eventos. Pero cuando se presentan como Mazu, el protagonismo es para sus propias canciones. Si en algún concierto aparece una versión, ya no es porque la necesiten para completar el repertorio, sino como un homenaje a los grupos que les inspiraron en sus comienzos.
Rumbo al Sonorama
El gran salto llegó hace apenas unas semanas, cuando sonó el teléfono y al otro lado de la llamada alguien se presentó como miembro de la organización del Sonorama Ribera. La respuesta, como no podía ser de otra manera, fue inmediata. «Nos podían explicar las condiciones, pero sabíamos que íbamos a decir que sí», reconocen.
Aun así, la noticia tardó en parecerles real. Incluso después de que el cartel se hiciera público seguían con la sensación de estar viviendo algo difícil de creer. «Hasta que no pongamos un pie en el escenario no nos lo vamos a creer», admite Mario, el guitarrista.
Para esa cita preparan varias sorpresas que prefieren mantener en secreto. Saben que una parte importante del público los descubrirá por primera vez y quieren que esa primera impresión sirva para mostrar lo que mejor saben hacer. «Queremos que quien nos vea se vaya pensando que ha merecido la pena, que recuerde a cuatro chavales dejándose la piel encima del escenario».
Después del Sonorama llegará una nueva parada en el Metro Festival de Almudévar, donde compartirán cartel con Dorian, mientras continúan trabajando en los primeros adelantos del que será su primer álbum de larga duración.
El objetivo ya no es únicamente seguir publicando canciones, sino llevarlas cada vez más lejos. Sueñan con recorrer España tocando en salas, incluso sabiendo que los primeros pasos de una banda emergente no siempre son fáciles.
Lo importante, aseguran, es continuar creciendo sin perder la esencia con la que empezaron. La misma esencia que nació un día cualquiera, cuando cuatro jóvenes bercianos decidieron dejar de interpretar las canciones de otros para empezar a contar su propia historia.