Un investigador de la Universidad de León explica por qué el terremoto del Bierzo ha provocado 21 réplicas
Javier Fernández Lozano apunta a un reajuste de los esfuerzos en la corteza terrestre como posible causa de los nuevos movimientos sísmicos y señala que los cabalgamientos de los Montes Aquilianos podrían estar relacionados con la secuencia

Javier Fernández Lozano
El terremoto de magnitud 4,2 registrado la noche del jueves 15 de octubre en el entorno de Benuza, en la Cabrera Baja leonesa, ha desencadenado una secuencia de movimientos sísmicos que alcanzó los 21 temblores, según los datos recogidos en la nota de prensa de la Universidad de León. La explicación podría encontrarse en el reajuste de los esfuerzos que se producen en las rocas tras la ruptura inicial, un proceso que puede favorecer nuevos desplazamientos en la corteza terrestre.
Así lo explica Javier Fernández Lozano, investigador de la Universidad de León y miembro del grupo de investigación Geoinca, del Campus de Ponferrada. El especialista subraya que las réplicas no son simplemente el eco del terremoto principal, sino «nuevos terremotos asociados a la evolución de la zona que ha sufrido la ruptura».
Cuando una falla se desplaza durante un seísmo, cambia la distribución de los esfuerzos en las rocas de su entorno. Esta redistribución puede facilitar nuevos movimientos en otros planos de falla, reactivar fracturas que ya existían o generar otras nuevas, tanto cerca de la estructura que provocó el primer terremoto como en zonas próximas.
La aparición de estos temblores forma parte de la respuesta de la corteza terrestre a la ruptura inicial. Su evolución depende de las condiciones geológicas y de cómo se redistribuyen los esfuerzos, por lo que cada secuencia sísmica presenta características propias.
Un terremoto que se sintió en Galicia, Asturias y Portugal
El movimiento principal se produjo a las 22.34 horas del jueves 15 de octubre y se percibió en distintos puntos de la comarca, así como en zonas de Galicia, Asturias y el norte de Portugal.
Durante las horas posteriores se registraron hasta 21 movimientos sísmicos, con magnitudes de entre 2 y 2,4, según la información recogida en la nota de prensa. Estos temblores de menor intensidad forman parte de la secuencia posterior al terremoto principal.
La percepción del seísmo a distancias considerables del epicentro depende de distintos factores, entre ellos la magnitud, la profundidad del foco, la distancia recorrida por las ondas y las características de los materiales que atraviesan.
Fernández Lozano señala que la geología local también puede influir en la intensidad con la que se perciben las vibraciones. Determinados depósitos sedimentarios y materiales poco consolidados, como los presentes en las cuencas del Duero y del Bierzo, pueden amplificar las ondas sísmicas y prolongar la sacudida respecto a zonas asentadas sobre roca firme.
No obstante, el investigador advierte de que la percepción de un terremoto lejos del epicentro no puede atribuirse únicamente al denominado efecto sitio. La amplificación del terreno es uno de los factores que deben valorarse junto con el resto de las condiciones que determinan la propagación de las ondas.
Los Montes Aquilianos, bajo la lupa de los investigadores
La secuencia sísmica de Benuza también vuelve a poner el foco en las estructuras geológicas del noroeste peninsular. Aunque esta zona se encuentra alejada de los principales límites activos entre placas tectónicas, presenta actividad sísmica intraplaca, que puede producirse cuando determinadas estructuras antiguas vuelven a desplazarse por la acción de los esfuerzos acumulados.
En el entorno de los Montes Aquilianos existen cabalgamientos que podrían estar relacionados con los movimientos registrados en la Cabrera. Sin embargo, Fernández Lozano recalca que los datos disponibles no permiten confirmar que una de estas estructuras sea la responsable del terremoto.
Para determinar qué fallas han intervenido y cómo se han desplazado, sería necesario combinar la distribución de los hipocentros —los puntos del interior terrestre donde se originan los seísmos— y sus márgenes de incertidumbre con la cartografía geológica. También sería útil disponer del análisis del mecanismo focal del terremoto principal, que permite estudiar la orientación y el tipo de movimiento de la falla implicada.
¿Puede haber más terremotos en León?
Respecto a la evolución de la secuencia, el investigador de la ULE explica que, después de un terremoto de esta magnitud, los movimientos posteriores suelen hacerse menos frecuentes con el paso del tiempo. No obstante, cada episodio sísmico tiene una evolución diferente.
La aparición de réplicas no significa que necesariamente vaya a producirse un terremoto de mayor magnitud, pero tampoco permite garantizar que no pueda ocurrir. Por este motivo, la evolución de la actividad debe seguirse a través de los registros oficiales.
Fernández Lozano recomienda consultar la información actualizada del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y atender a las indicaciones de Protección Civil.
El episodio de Benuza pone de manifiesto que el noroeste peninsular, pese a encontrarse lejos de los principales límites entre placas tectónicas, no está exento de actividad sísmica. Comprender cómo se redistribuyen los esfuerzos en las rocas y qué estructuras geológicas pueden intervenir resulta fundamental para interpretar estos movimientos y estudiar su evolución.