Un ascensor que vale por veinte
El nuevo elevador panorámico que une General Vives y la calle Ancha ha transportado en cinco meses a más de 115.000 personas, casi el doble de la población de Ponferrada
El elevador panorámico inaugurado a principios del mes de agosto para comunicar la avenida General Vives y la calle Felipe Herce se está revelando ya como una de las infraestructuras favoritas de los vecinos de la parte alta de Ponferrada en particular y de los de la capital berciana en general. De su utilidad y «poder de convocatoria» da una idea la estadística que maneja la empresa instaladora Enor, relativa a los primeros cinco meses de funcionamiento del mecanismo. Entre el 7 de agosto y el 8 de diciembre, la plataforma de vidrio y acero que de alguna manera adorna también el ecuador de General Vives ha transportado a algo así como 115.000 personas, casi el doble de la población de Ponferrada, que se sitúa en torno a los 65.000 habitantes. Doble utilidad Las jornadas de mercado suelen ser las más concurridas para el singular ascensor callejero, conceptuado como uno de los pocos que existen en España dentro de este apartado urbano. Los miércoles y sábados, el ascensor hace las veces también de montacargas, soportando el peso de decenas de bolsas de compra, procedentes de la plaza de abastos. El responsable de Enor, José Rochas, calcula que en los cinco meses transcurridos desde su inauguración, el ascensor de General Vives, para 14 pisos, ha soportado el tráfico equivalente a más de una veintena de elevadores convencionales, como los que se suelen instalar en bloques de doce o quince viviendas y que terminan transportando al año entre 12.000 y 13.000 personas. El ascensor panorámico de General Vives, que costó al Ayuntamiento de Ponferrada algo más de medio millón de euros, y que fue realizado por la empresa Comonor, la constructora Aldebi y Enor, puede llegar a cumplir los doce meses con una carga de cerca de 300.000 personas. Y según el portavoz de Enor, José Rochas, aunque las tres averías que ha tenido hasta ahora han sido relativamente llamativas por la repercusión pública de esta infraestructura, lo cierto es que pueden considerarse como una nimiedad en comparación con las que soportan otros ascensores convencionales. Por otra parte y sobre todo por fortuna, los mecanismos de alerta, y también las videocámaras de vigilancia continúan funcionando de manera adecuada. Una circunstancia a la que se une, en el apartado positivo, el respeto que el público ha deparado al elevador, que apenas si ha sufrido algún acto de vandalismo.