El secretario general de la Dirección Insular del Gobierno en Lanzarote pregonó la Semana Santa
Rodríguez abre la Pascua apelando a la fe frente a «un mundo cruel»
El pregonero evocó en su discurso la Ponferrada de «creencias firmes» de su adolescencia reportaje
De la tragedia griega a la Pasión de Cristo, el secretario general de la Dirección Insular del Gobierno en Lanzarote, Fernando Rodríguez López, abrió ayer la Semana Santa de Ponferrada con un pregón sazonado de referencias clásicas, evocaciones al tiempo de «fervor» y «creencias firmes» que vivió durante su infancia y juventud en la capital berciana, y con el protagonismo de las figuras de Judas Iscariote y Caifás, desencadenantes hace dos mil años de «la mejor tragedia jamás representada». Con el Teatro Bergidum prácticamente lleno, y en presencia del obispo de Astorga, Camilo Lorenzo, y el alcalde, Carlos López Riesco, y de los responsables de las tres cofradías de la ciudad, entre otros, Fernando Rodríguez, se preguntó durante su intervención sobre el significado de la Pascua. Y ofreció al público su respuesta personal. «A mí me parece que es como un reavivamiento de la fe, una recordación (sic) de que Jesús está ahí, en un mundo difícil y las más de las veces cruel. Yo definiría la Semana de Pasión como la renovación anual en primavera de nuestra vida espiritual con nueva savia brotada del cuerpo de Jesús en la Cruz. Para el pregonero, «Dios dejó en el cerebro humano una prueba inequívoca de su existencia»; el pensamiento, que viaja más rápido que la luz y permite imaginar, aseguró, un paseo por Marte a partir de las fotografías de su paisaje. «¿No estamos aquí ante un verdadero milagro?», preguntó de nuevo. Alumno del Gil y Carrasco Fernando Rodríguez López, que estudió el Bachillerato en el instituto Gil y Carrasco entre 1951 y 1957 y con una larga carrera en la administración pública, no dejó de evocar con nostalgia la Semana Santa que vivió durante su adolescencia en una Ponferrada que entonces tenía 25.000 habitantes y que llegó a asociar con la Alejandría perdida de Cavafis. «La Semana Santa se vivía con fervor», aseguró antes de añadir que «las creencias eran firmes» y «nuestra vida moral estaba impregnada de una fe sencilla. Sin dudas que nos amargaran la existencia».