Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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NUESTRA sociedad, cuyo hedor impregna nuestros trajes corporales, se ha ido transformando con el paso de los años en una sociedad sobrecargada, incluso de gordura y colesterol malsano. Como la yanki. Como todas aquellas sociedades consumistas y abotargadas. España ya no parece ser aquella reservada espiritual de Europa de la que nos hablara el fachoso y cruel Generalísimo. Nuestro país, entonces, tampoco era un valle de rosas rojas cuyo aroma nos embriagara de sensibilidad y exquisitez artísticas. Nuestra sociedad, en la actualidad, es como un gran vertedero en el que los carroñeros rastrearan en busca de las quintas esencias. Fragancias que a uno le quitan el sueño. O lo que se tercie. Resulta tal vez atrevido decir que nuestra sociedad es una basura, habida cuenta de que uno también forma parte de la misma. Que cada cual sostenga su cirio. Y se responsabilice, cómo no, de sus basuras. A este ritmo frenético acabaremos «enmierdando» incluso los paraísos perdidos. Y el Bierzo acaso siga siendo, a pesar de que no todo el monte es genciana y gistra, un semiparaíso perdido en el noroeste español. Convendría, asimismo, que cada uno indagara en su subconsciente y se enfrentara a sus miserias. Un psicoanálisis a tiempo nos vendría muy bien a todos. Ni que decir tiene que siempre habrá quienes no sean basuras humanas, mas la mierda nos inunda por doquier, y no es fácil alejarse de ésta. El hombre-mujer no es bueno por naturaleza, como quisiera Rousseau, y la sociedad siempre estará ahí para malearlo. O te maleas o te dan por todos los entresijos del alma. En el fondo somos partícipes de esta descomunal farsa en la que convivimos moros y cristianos, inmigrantes y oriundos, pijos y macarras, rateros y estafados... Da la impresión de que la sociedad española, a lo largo de estos años, se hubiera entontecido más que nunca, a resultas de la mierda que nos han arrojado a la cara, que nos hemos arrojado, mierda que por lo demás digerimos con gusto. Somos unos cropófagos y caníbales de la hostia bendita. Tragamos toneladas de basura como si estuviéramos hambrientos. En los últimos años hemos sido testigos y cómplices de la construcción de una sociedad basura, cuyas esencias nos embelesan de puro placer. Una sociedad alimentada por el derroche y la pérdida de valores espirituales. Hay mucho vacío y pijería. Hemos pasado del subdesarrollo al despilfarro estúpido. ¿Quién apuesta hoy por la humildad, el altruismo y la sana inteligencia?

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