El principal de Ponferrada
EL PRINCIPAL es uno de esos bares ponferradinos a los que uno entra cuando sale de ver una obra de teatro, más que nada porque está situado en un sitio estratégico en la calle Ancha, enfrente del Teatro Bergidum. Sin embargo, hace unos días entré con algunos colegas y amigos en horas de siesta. Tal vez fuera en horas de merienda. Ahora que me acuerdo fue el día en que Gemma Nierga hizo su programa de radio, La Ventana, en el Bergidum. Había entrado en el Principal alguna que otra vez, pero este día en concreto me quedé enganchado al fijarme que en las paredes del local había varias reproducciones de cuadros de un pintor por el que siento debilidad. Los cuadros que figuran en las paredes del bar Principal son de Edward Hopper. Y Hooper es un pintor americano que ha llegado a colonizar mi subconsciente con esos cuadros en los que se plasma la soledad y la incomunicación de unos personajes de esa América de carreteras, gasolineras y moteles en medio del desierto, de esos personajes aislados en el llamado mundo moderno. La pintura de Hopper -conviene no confundir a este pintor con el conocido actor gringo-, es por lo demás bien cinematográfica. El propio director Wenders en su desoladora «París, Texas» intenta recrear en los planos de su película las composiciones pictóricas de Hopper. En el fondo, París, Texas es como una gran pintura en movimiento de Hopper. Ni que decir tiene que también siento gran admiración por el cine de Wenders, y en especial por esa película en la que vemos a una Natassja Kinski guapísima y emocionante. Su interpretación resulta sublime tras el cristal del peep show. Sobre la Kinski tendríamos que hacer otra columna, acaso vertebral, pues es una actriz que nos ayuda a levitar en momentos de bajo estado anímico. Además de los cuadros de Hopper, el Principal es un bar regentado por un matrimonio de «porteños» de adopción, porque si bien la señora es gallega y el marido es berciano, vivieron treinta y cuatro años en Buenos Aires, cuando esta era una metrópolis próspera y segura, y en el Bierzo, sobre todo en nuestro querido Bierzo Alto, vivíamos en pallozas al amor de la lumbre o «el lumbre». Regresaron al Bierzo, luego de más de treinta años en Argentina, porque la situación en Buenos Aires se puso difícil.