| Reportaje | La «epidemia» de cada invierno |
Llega la plaga mortal del monóxido
Calefacciones y estufas, sobre todo de carbón, un sistema obsoleto y con un deficiente mantenimiento, provocan casi cien intoxicados y seis muertos bercianos en cinco años

Una de las recientes intoxicaciones sucedió en Toral de Merayo
Las intoxicaciones por emanaciones de monóxido de carbono han vuelto a ser noticia esta semana. Seis afectados, por fortuna sin resultado de muerte, en dos sucesos en distintos puntos de Ponferrada ha abierto esta peculiar «epidemia invernal». Arrancando desde 1999 hasta la fecha, en el Bierzo se han registrado un total de 96 intoxicaciones por inahalaciones de monóxido de carbono. El Hospital del Bierzo y los casos más graves derivados al Marqués de Valdecilla en Cantabria, son los destinos médicos a donde se han trasladado en estos años a estas víctimas del «sueño dulce». El monóxido de carbono, fruto de la combustión de carbón en viejas cocinas y chimeneas mal ventiladas, así como los escapes de gas en estufas, conforman la casuística en un 90 y un 10 por ciento respectivamente. Casos llamativos Ponferrada, Fabero y Bembibre son las localidades donde más casos han acontecido en estos años. El carbón. Casi siempre el carbón. Lo mismo que parece haber dado vida también la quita y anda de por medio. En 1999 en San Pedro de Trones murieron dos jóvenes de tres afectados, aunque el suceso acaeciera en un piso de alquiler en Salamanca. El caso conmovió a toda la comarca berciana. En el 2000, tres ancianos muertos, dos de ellos en el barrio ponferradino de Flores del Sil y otro en Villadepalos, más cuatro intoxicados de una familia de Fabero. El año 2001 comenzó con dos sucesos con tres intoxicados en Flores del Sil y otra familia de Fabero de tres componentes intoxicados con su cocina de carbón. El año lo cerró un extraño suceso en la empresa Cepas del Bierzo con dos operarios intoxicados por monóxido de carbono, aunque en este caso no por combustión, sino por acumulación de gases en el proceso de elaboración de licores. La crónica negra de las intoxicaciones marcó su punto álgido en el 2002, con el mayor suceso en la historia reciente, 20 personas de todo un edificio en Fabero se intoxicaron en un incendio por combustión de su vieja caldera. En el 2003 y 2004 se dieron más sucesos como cuatro jóvenes de Corullón con cocina de carbón, tres personas en Bembibre con una estufa de carbón, una anciana intoxicada en Cuatrovientos...Y así hasta las seis de esta semana. Por fortuna, los casos de muerte, aunque cerca, parecen remitir. Las personas expuestas a niveles de monóxido de carbono debido a la combustión incompleta de un hornillo, estufa, por un defecto en su instalación, en un habitáculo no ventilado... «lo primero que tienen que hacer es respirar aire fresco, ventilar la habitación y acudir al hospital o centro médico más próximo», explican los técnicos consultados, los mismos que recitan la normativa de seguridad en la que se recomienda que «no se utilice el horno para calentar la cocina o la casa, no dejar motores en marcha y mucho menos en habitaciones o lugares cerrados, ni barbacoas, braseros, lámparas de butano, hornillos de gas en espacios cerrados, ni siquiera en una chimenea si no tiene sus pertinentes salidas y entradas de corriente. Deben someterse a una revisión anual todos los aparatos cuya fuente de energía sean calderas, hornos, calentadores, estufas de carbón, de gas, petróleo, queroseno...Y comprueben que la salida de humos, respiraderos o chimeneas, estén libres».