Diario de León
Publicado por
JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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REPASO algunos datos sobre la evolución de las crisis ganaderas provocadas por diversas enfermedades en nuestra provincia, donde casi doce mil reses enfermas han sido sacrificadas en los últimos seis años, lo que no deja de ser tranquilizante, por otro lado, suponiendo que efectivamente se sacrifiquen de forma controlada esas reses enfermas y no suceda, como en el pasado, que algunas mafias organizadas las trasladaban a Portugal para introducirlas en el consumo humano. Ha ido cayendo en desuso, en cambio, la matanza domiciliaria del cerdo, de arraigada tradición en el mundo rural, por eso la asociación gastronómica «Las Rapinas»,de Noceda del Bierzo, intenta recuperarla en una fiesta que viene a completar el ciclo de toda una serie de usos y oficios que allí se mantienen vivos, como la siega, el horno de pan comunitario, el lagar, las tareas del lino y la molienda, además de los bailes tradicionales, todo eso que alimenta la memoria de las pequeños asentamientos rurales. Más allá de la gastronomía, la actividad de esa asociación se adentra en la etnografía reproduciendo, desde la parva y el bacalao con patatas hasta la sobrecena y los usos en el vestir, devolviendo al día de la matanza su rango perdido de fiesta mayor, tal como quería don Serafín de Paradela que en las grandes solemnidades enfatizaba, poniendo sobre los manteles sus mejores recursos homiléticos, que «hoy es un día tan grande como el día de la matanza». Los niños en la galería nos tapábamos los oídos, sin ver la sangre caliente en el patio central de la casa, bajo el gran árbol. Toda una semana de actividad febril pero organizada, cada cual con su especialidad, el matarife, el despiezador, el escaldador, los de la chacinería, el salador, los de la limpieza permanente con agua hirviendo, la entripada, todos participando hasta que , la casa reluciente recobraba el ritmo lento del invierno, degustados por fin el lomo y el churrasco, la morcilla, los chicharrones con manzanas y las filloas, con tiempo en las noches largas para jugar a la lotería, cuyos números cantaba el abuelo, añadiendo un apelativo oportuno a algunos de ellos, otros a palo seco. No jugábamos nada, pero apostábamos juntos y felices mientras los botillos ya estarían empezando a sudar en sus varas de avellano en las cocinas bajas, en todos los pueblos del alto Bierzo. Felicito a los de «Las Rapinas» y les agradezco esta memoria recuperada de gustos, sensaciones, olores y tradiciones que forman parte de nosotros mismos.

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